[Teatro] El Brujo. Misterios del Quijote (Teatro Cervantes, 27.11.16)

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Uno de los cuadros que componen Misterios del Quijote describe las reuniones que mantienen diariamente en una taberna, al caer la noche, personajes de toda índole para hablar del Quijote pese a que ninguno de ellos lo ha leído. Tal vez ni siquiera conozcan su existencia. Aún así, la charla es encendida, apasionante. El amanecer sorprende a todos discutiendo sobre Dulcinea, Sancho o el bachiller Sansón Carrasco. Pero es hora de regresar, dormir algo y enfrentarse a una nueva jornada que trae indefectiblemente la temida y cómoda rutina. No podrán negar que la escena se revela como una memorable metáfora si nuestro objetivo es precisar el comportamiento del pueblo español independientemente de la época en que nos situemos. La prueba del algodón es bien sencilla: entren en el primer bar que encuentren y podrán resucitar lo descrito en este texto sin apenas recurrir a la imaginación. O, si lo prefieren, esperen a las próximas comidas y cenas navideñas.

En la última novela de Enrique Vila-Matas, Kassel no invita a la lógica, a uno de sus personajes le preguntan cómo le parecía que se había tomado España la crisis económica. Chus Martínez contesta diciendo que de una forma tremenda. A nivel psicológico, como una especie de fin del mundo. La situación en Portugal, por ejemplo, no se podía ni comparar con la española: nuestro tenebrismo es brutal. Según Chus, los españoles debemos aprender a ir más sueltos. “Nos creíamos muy locos”, dice, “pero resultó que de locos no teníamos nada. Falta precisamente demencia y sentido del humor. Al humor, como pieza fundamental de lo moderno, lo reivindico desde Cervantes. Un sentido de la vida un poco más relajado, abierto, flexible. ¿Fue alguna vez español el humor de El Quijote?”. Tras presenciar la obra de Rafael Álvarez, la respuesta afirmativa nos sale casi sin querer. Pero cuando enfilamos el camino de vuelta a casa y nos metemos en la cama, la pregunta, ya con cierta pesadumbre, continúa retumbando en nuestra cabeza. Terminamos cerrando los ojos e intentando soñar que vivimos locos y morimos cuerdos. ¿O era al revés?

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