
El ciclo Aeternum. Músicas sacras del mundo volvió a ofrecer una de las propuestas cuidadas y singulares a las que, por fortuna, nos tiene acostumbrados. En este caso se pudo disfrutar gracias al concurso del Ensemble Yamasuono de la interpretación de Las siete últimas palabras de Nuestro Salvador en la Cruz de Franz Joseph Haydn (1732-1809) en su versión para cuarteto de cuerda. El concierto, concebido como una experiencia artística que integraba música y memoria visual, se completó con la proyección de una selección de imágenes de la Semana Santa de Málaga de los años ochenta y noventa pertenecientes a la colección del fotógrafo cofrade Antonio Pino.
La interpretación tuvo lugar en la capilla de San George del Cementerio Inglés de Málaga, un espacio cargado de historia y simbolismo que aportó un marco especialmente adecuado para la dimensión contemplativa de la partitura y para una experiencia integral para el espectador. Fundado en 1831, el Cementerio Inglés constituye uno de los enclaves patrimoniales más singulares de la capital de la Costa del Sol. No obstante, es uno de los primeros cementerios protestantes de España. Su atmósfera recogida y su singular arquitectura convierten la capilla en un escenario idóneo para propuestas musicales camerísticas de carácter introspectivo. De esta manera, el diálogo entre música, espacio, historia, memoria y espiritualidad adquirió una intensidad especial.

Compuesta en 1786 por encargo de la iglesia de la Santa Cueva de Cádiz, se puede considerar a Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz como a una de las partituras más singulares del repertorio religioso de la época clásica. Su estructura responde a un formato litúrgico muy concreto, ya que alude de manera directa a siete meditaciones musicales inspiradas en las últimas palabras de Cristo en la cruz. Estas son precedidas por una introducción. Mientras, la propuesta se culmina por el célebre episodio final del Terremoto, que imprime una subrayada intensidad dramática. Así, cada sonata explora un carácter expresivo distinto a través de tempi lentos y de una escritura musical de gran concentración retórica. Por todo ello y en global, se puede considerar a esta obra como en un verdadero ejercicio de contemplación sonora muy adecuado a las fechas de Semana Santa.
Aunque Haydn realizó posteriormente otras versiones, la que diseñó para cuarteto de cuerda conserva en nuestros días una dimensión particularmente íntima que acentúa el carácter meditativo de la partitura. En este formato, la densidad expresiva se articula a través del diálogo entre los instrumentos. También gracias a una escritura armónica muy cuidada con la que el maestro austriaco exploró una amplia gama de matices emocionales.
Con respecto al Ensemble Yamasuono, se trata de una formación camerística fundada en Málaga en 2021. El cuarteto está integrado por María Vizcaíno y Veliana Alexandrova (violines), Pablo Silvestre (viola) y Mauricio Yamamoto (violonchelo). Tiene como principales objetivos difundir la música de cámara académica en contextos diversos y acercar el repertorio camerístico más allá de los circuitos habituales de las salas de conciertos. Su propuesta combina rigor interpretativo, voluntad divulgativa y busca establecer un diálogo directo con el público mediante programas que conectan repertorio histórico, contexto cultural y nuevas formas de presentación escénica.
En la interpretación ofrecida dentro del ciclo Aeternum, el Ensemble Yamasuono mostró un sonido equilibrado y una lectura marcada por la progresión dramática de la partitura. La Introduzione en re menor, solemne y contenida, estableció desde el inicio un clima de recogimiento que se fue desarrollando a lo largo de las sucesivas sonatas. Cada sección, desde el lirismo sereno de Pater, dimitte illis hasta la tensión expresiva de Deus meus, Deus meus, fue presentado como una estación sonora dentro de un itinerario musical de carácter introspectivo y espiritual.

La Sonata VI, Consummatum est, adquirió una intensidad especial, ya que Haydn condensó una notable carga emocional. Como se ha mencionado, el recorrido culminó con el célebre y anteriormente citado Il terremoto, explosión final de energía musical que rompe el clima contemplativo anterior y traduce en sonido el dramatismo del momento evangélico.
En definitiva, la combinación entre la música de Haydn, estas imágenes históricas y la bellísima capilla de San George generó un diálogo particularmente sugerente entre música, tradición, historia, patrimonio y memoria colectiva. La austeridad expresiva del cuarteto de cuerda encontró un inesperado eco en las instantáneas de la Semana Santa malagueña y una ampliación sensorial en el espacio elegido. Así, se estableció un puente entre la espiritualidad del siglo XVIII, la experiencia de la religiosidad popular y el espacio elegido.



































