El violinista Francisco Fullana. Felix Broede

El Teatro Cervantes de Málaga acogió el jueves 7 y el viernes 8 de mayo de 2026 una nueva doble cita dentro de la temporada de abono 25-26 de la Orquesta Filarmónica de Málaga. La formación costasoleña celebró su programa 13 con una propuesta de gran densidad expresiva. Así y bajo la dirección de José María Moreno, director titular y artístico de la formación y con el violinista mallorquín Francisco Fullana como solista, el concierto planteó un recorrido que fue de la elegancia clásica de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) a la intensidad elegíaca de Alban Berg (1885-1935) para desembocar en la rotundidad sinfónica de Antonín Dvořák (1841-1904).

Con respecto al solista invitado para esta ocasión, el violinista Francisco Fullana (1990) se ha consolidado como una de las figuras españolas con mayor proyección internacional en el ámbito de la música académica. El mallorquín ha actuado junto a formaciones como la City of Birmingham Symphony Orchestra, la Münchner Rundfunkorchester, la ORTVE, la Orquesta Simón Bolívar, la Filarmónica de Málaga, la OSPA o la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares, entre muchas otras. Reconocido tanto por su virtuosismo como por su versatilidad artística, desarrolla, además, una intensa labor pedagógica y de difusión musical.

Tras las palabras de presentación y acercamiento al programa ofrecidas por el propio José María Moreno, la primera parte se abrió con el Adagio para violín y orquesta en mi mayor, K. 261, de Wolfgang Amadeus Mozart, una página breve, melódica y delicada que la OFM interpretó por primera vez. El violinista, que actuó también como director, evidenció una afinación transparente y una subrayada naturalidad expresiva.

A continuación, y de nuevo con José María Moreno en escena, llegó el turno para el Concierto para violín “A la memoria de un ángel”, de Alban Berg, una de las grandes obras concertantes del siglo XX. Compuesto en 1935 como homenaje a Manon Gropius, hija de Alma Mahler y Walter Gropius, fallecida prematuramente, la propuesta fusiona el lenguaje dodecafónico con tintes tonales y románticos. Orquesta, director y solista extrajeron del sistema serial una marcada expresividad. La propina, una adaptación de Asturias, de Isaac Albéniz (1860-1909), mostró a un Fullana pleno en talento y musicalidad.

La segunda parte estuvo dedicada íntegramente a la Sinfonía n.º 7 en re menor, op. 70, de Antonín Dvořák, una de las cimas del sinfonismo romántico centroeuropeo. Compuesta en 1884 por encargo de la Sociedad Filarmónica de Londres, tras ser nombrado el compositor miembro honorario de la institución, la propuesta fue estrenada el 22 de abril de 1885 en el St James’s Hall, bajo la dirección del propio Dvořák. Como se pudo disfrutar, la Filarmónica, en su interpretación, subrayó su tono sombrío, rigor estructural, concepción dramática y una notable cohesión temática.

Dejamos aparte uno de los momentos más emotivos y relevantes de la velada, ya que la Orquesta Filarmónica de Málaga rindió merecido homenaje a la violinista Elena Panchenko con motivo de su jubilación en lo que fue su último concierto en la OFM. El maestro José María Moreno tomó la palabra al inicio de la segunda parte para agradecer públicamente su trayectoria, compromiso y contribución al conjunto, ramos de flores y presentes incluidos. Al final del recital, también la invitó a subir a la tarima, para que recibiera una nueva ovación, puesta en pie del Cervantes incluida.

Más allá del homenaje individual, el gesto transmitió una imagen de unidad, gratitud, compañerismo y cohesión interna. Una formación musical no se construye desde el individualismo: compañerismo, cercanía, empatía, respeto, apoyo mutuo y trabajo cotidiano resultan fundamentales. Como fue el caso, proyectan hacia el público múltiples valores que se suman a los interpretativos y musicales. Por fortuna, la música también se fundamenta en la comunidad, la convivencia, el afecto, la gratitud y el compromiso.