Miguel Ríos, durante su actuación de ayer en Málaga. Carlos Díaz / Teatro Cervantes

El Teatro Cervantes de Málaga acogió el domingo 26 de abril una nueva cita con la música en directo de la mano de Miguel Ríos (1944). El cantante y compositor granadino presentó su gira El último vals, título de su último disco (Altafonte, 2025) en un formato electroacústico que apuesta por la cercanía y la revisión consciente de una trayectoria única. Acompañado por The Black Betty Band, una excelente y versátil banda de músicos multinstrumentistas (José Nortes, guitarras y voz; Luis Prado, piano, teclados, batería y voz; Jorge Ruiz, bajo, guitarra y voz; Samuel Terroso, batería, guitarra y voz), el artista ofreció un recital que superó las dos horas y veinte minutos de duración en el que combinó nuevas canciones con algunos de sus temas míticos y se mostró comprometido, enérgico y en plena forma.

Ríos es una de las figuras fundamentales de la música popular urbana en España. Con más de seis décadas sobre los escenarios, su carrera ha estado marcada por una constante evolución artística y un firme compromiso con el desarrollo del rock en nuestro país. Desde sus inicios en los años sesenta hasta la actualidad, ha sabido adaptarse a los cambios del panorama musical sin perder su identidad. Así, su discografía incluye álbumes esenciales como Despierta (Hispavox, 1970), Rock & Ríos (Polydor Records, 1982), uno de los discos en directo más influyentes del rock español, o El gusto es nuestro (RCA Records, 1996, junto a Ana Belén, Víctor Manuel y Joan Manuel Serrat), entre muchísimos otros.

Foto: Carlos Díaz / Teatro Cervantes

A lo largo de su carrera ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1993), la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo (1999), el Premio Ondas a toda su trayectoria (2007) o el Latin Grammy a la Excelencia Musical (2013), además de ser nombrado Hijo Predilecto de Andalucía (2014). Su figura trasciende lo estrictamente musical para convertirse en un símbolo cultural del rock en español. Como pudimos comprobar, es capaz de seguir llenando auditorios en todo el mundo y de mantener intacta su energía escénica.

El concierto en el Cervantes se planteó como un recorrido por ese legado y, al mismo tiempo, como una mirada hacia el presente. Un pequeño problema en su micrófono en Bienvenidos hizo que el directo tuviera un comienzo en dos tiempos. No tardó mucho en agradecer a los asistentes su presencia y en remarcar lo bien que le había tratado siempre Málaga. Recordó a continuación sus inicios en la discográfica Philips con el malagueño Ricardo Fernández y sus inicios como Mike Rios, antes de subrayar que estará en el escenario Mientras el cuerpo aguante. Apoyado en una fantástica banda, interpretó Oro irlandés y aludió a la necesidad de mantener limpio y ecológico el planeta y criticar a las plataformas que roban a las artistas y la educación machista y paternalista que continúa existiendo, antes de detenerse en No estás sola y Si pudiera parar el tiempo, escrita junto a José Nortes y en la que encaja honestidad y diversión desde el punto de la vida en el que se sitúa en este momento.

Con Vuelvo a Granada homenajeó a su tierra y recordó la primera canción que compuso en 1967. Después, invitó a escena a la malagueña Anny B. Sweet en El río, entre gritos desde el púbico de “eres un ejemplo” y “campeón” y cargas contra los negacionistas, la ultraderecha y Trump (No es la tierra, estúpido. Eres tú!). En Generación límite se tomó un breve descanso para que Luis Pardo entonara Estoy gordo. El último vals y Vivo en la carretera, aplausos consiguientes a todo su equipo y el del Teatro Cervantes, dejaron paso a la primera de las versiones que realizó, Insurrección, de El Último de la Fila.

Foto: Carlos Díaz / Teatro Cervantes

Además del concurso de Ríos, uno de los aspectos más destacados de la velada fue la versatilidad del grupo, formada por músicos capaces de alternar instrumentos y registros con naturalidad. Sin duda, aportó una gran riqueza tímbrica al recital y permitió transiciones fluidas entre temas, instantes más íntimos y otros de mayor intensidad. La interacción entre Miguel Ríos y sus músicos fue constante y generó una una atmósfera de complicidad que el granadino también manifestó con el Cervantes.

Ya en la recta final, Rocanrol bumerang, El rock de la cárcel (Jerry Leiber & Mike Stoller, popularizada por Elvis Presley), Johnny B. Goode (Chuck Berry) y Sábado en la noche terminaron por levantar a un público desatado de sus butacas y a acompañarle en la fiesta final. Santa Lucía, Oración, pañuelo palestino y proclamas antibélicas consiguientes y, cómo no, el Himno a la alegría, pusieron el punto final a una velada en la que Miguel Ríos volvió a evidenciar una figura imprescindible para comprender la historia y evolución del rock en España. Su presencia escénica, discurso musical y conexión con el público confirmaron que sigue siendo un artista plenamente vigente hoy en día y a sus 81 años, compromiso, trayectoria y vitalidad.