
La XXXVIII Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga ha arrancado con fuerza. Tras la gala lírica que protagonizaron Carlos Álvarez y Sabina Puértolas junto a la Orquesta Filarmónica de Málaga, dirigida por José María Moreno, el jueves 10 de septiembre de 2026, el segundo evento de su programación tuvo lugar el domingo 13 de septiembre con Dido and Aeneas, una de las obras fundamentales del repertorio barroco inglés. El Ensemble Les Surprises asumió la producción escénica y musical de la ópera de Henry Purcell (1659-1695) en una subrayada propuesta que, durante aproximadamente hora y media, reunió música, poesía, teatro y danza. Así, y lejos de limitarse a la representación de la partitura original, el espectáculo amplió sus horizontes gracias a textos de Virgilio y Shakespeare y canciones tradicionales. El mar y el puerto se convirtieron en espacios físicos, simbólicos y emocionales sobre los que se desarrolló la tragedia.
Compuesta sobre libreto de Nahum Tate, Dido and Aeneas tomó como punto de partida la historia narrada por Virgilio en la Eneida. Dido, reina de Cartago, se enamora del héroe troyano Eneas, destinado por los dioses a continuar su viaje para fundar una nueva patria: Roma. La intervención de una hechicera y sus brujas precipita la separación: un espíritu, disfrazado de Mercurio, ordena al héroe abandonar Cartago para cumplir su destino. Cuando Eneas decide finalmente permanecer junto a Dido, ella rechaza una renuncia nacida de la duda y lo obliga a marcharse. Su despedida conduce a uno de los finales más conmovedores de la historia de la ópera.
La vinculación de la partitura con un contexto educativo femenino adquirió especial importancia en esta producción. Su primera representación documentada tuvo lugar en la Mr. Josias Priest’s Boarding School for Girls de Chelsea, Londres, en una fecha incierta que se ubica de manera habitual en la primavera de 1689. Les Surprises recuperó aquella circunstancia mediante una decisión de gran interés, ya que todos los personajes vocales fueron interpretados por mujeres. La propia compañía explicó que la elección constituía un guiño consciente a los orígenes conocidos de la ópera. Al mismo tiempo, respondía a la reunión de las cantantes seleccionadas en el 28º Concurso Internacional de Canto de Clermont-Ferrand.
De esta forma, Blandine de Sansal asumió el papel de Dido y Grace Durham interpretó a Eneas. Clara Penalva encarnó a Belinda y al Espíritu, Louise Bourgeat, a la Segunda dama y la Primera bruja, Eugénie Lefebvre a la Hechicera y Juliette Gauthier, a la Segunda bruja y la Marinera. El reparto exclusivamente femenino no funcionó como una simple anécdota de la producción vinculada con su estreno, ya que aportó homogeneidad al planteamiento y, sobre todo, tendió un puente entre el origen documentado de la partitura y su representación en el Cervantes más de tres siglos después.
Fuera de este hecho, Les Surprises no pretendió realizar una reconstrucción histórica de aquella función de Chelsea. Pierre Lebon planteó la representación desde el espíritu de las masques inglesas, espectáculos que combinaron durante el siglo XVII música, teatro, danza y recursos escénicos. Cantantes, actores, bailarines e instrumentistas participaron, en conjunto, de un espectáculo concebido desde la integración de diferentes lenguajes. Los intérpretes entraron y salieron de sus funciones habituales, sobre todo los componentes de la orquesta de cámara, ya que actuaron, cantaron y bailaron y contribuyeron, en global, a transmitir una sensación de auténtica compañía teatral.
La ampliación de la propuesta resultó uno de los mayores atractivos de la representación. El prólogo partió de la Eneida de Virgilio y La tempestad de Shakespeare para mostrar a Eneas huyendo de Troya, enfrentándose a una tormenta y llegando inconsciente a las costas de Cartago. Posteriormente, un interludio construido sobre Ricardo III evocó la guerra, la muerte y los compañeros perdidos. Por su parte, Macbeth acompañó la aparición de la Hechicera y las brujas, mientras Le Virgile travesti, de Paul Scarron, sirvió de referencia para la escena de los marineros.
También se ampliaron los márgenes estrictamente musicales de Purcell. La partitura dialogó con páginas de John Blow (1649-1708) y Jeremiah Clarke (c. 1674-1707) y con canciones marineras tradicionales. Particularmente divertida resultó la aparición de la conocida What shall we do with the drunken sailor?, integrada con naturalidad en la escena de la taberna.

La escenografía, en forma de un antiguo puerto fortificado presidido por un faro, ofreció numerosas posibilidades teatrales y estuvo lejos de funcionar como un simple fondo. Sus diferentes alturas, espacios y accesos permitieron articular la acción, mientras el diseño de iluminación de Bertrand Killy modificó la percepción del puerto según avanzaba la tragedia. La coreografía de Iris Florentiny añadió otra dimensión al movimiento escénico. Pierre Lebon, la propia Florentiny y Aurélien Bednarek participaron también como intérpretes y bailarines. Sin duda, reforzaron la concepción colectiva del espectáculo.
En el apartado musical, Louis-Noël Bestion de Camboulas asumió la dirección y los arreglos desde el clavecín. La reducida plantilla instrumental permitió disfrutar de la transparencia característica de este repertorio y, al mismo tiempo, de una considerable variedad tímbrica. El conjunto se integró por Gabriel Grosbard y Anaëlle Blanc-Verdin (violines), Charlotte Gerbitz (viola), Matthieu Bertaud y Xavier Miquel (flautas y oboes), Lucile Tessier (fagot y flautas), Juliette Guignard (viola da gamba) y Damien Pouvreau (tiorba y guitarra barroca).
La dirección de Bestion de Camboulas mantuvo un adecuado equilibrio entre la vitalidad rítmica de las danzas, la claridad de las líneas instrumentales y la necesaria flexibilidad para acompañar las voces. La variedad de instrumentos de viento aportó numerosos cambios de color, mientras las cuerdas, la viola da gamba, la tiorba, la guitarra y el clavecín proporcionaron una base sonora que sostuvo la representación sin sobrecargarla. Además, la cercanía entre intérpretes vocales e instrumentales favoreció idea de espectáculo compartido que presidió toda la producción. Especialmente subrayada fue su aportación dramática y gestual, ya que se unieron en escena con el resto del elenco a modo de coro griego.
En cuanto al elenco vocal, Blandine de Sansal construyó una Dido de notable intensidad dramática gracias a una interpretación que encontró en el fraseo y en la palabra buena parte de su capacidad expresiva. Grace Durham afrontó uno de los elementos más particulares de esta producción al asumir el personaje de Eneas. La elección de una voz femenina integró al personaje dentro de la concepción tímbrica general del reparto. Su presencia funcionó con naturalidad en la relación con Dido.

Clara Penalva aportó a Belinda la luminosidad necesaria para contraponerse inicialmente a la melancolía de Dido y mostró también su versatilidad al asumir el Espíritu. En el lado opuesto de la acción, Eugénie Lefebvre construyó una Hechicera de marcado carácter teatral, bien acompañada por Louise Bourgeat y Juliette Gauthier como las dos brujas. La representación aprovechó estos personajes para explorar un registro deliberadamente más burlesco y alejado del universo emocional de Dido.
El tramo final sobresalió gracias al bellísimo lamento y emocional When I am laid in earth y al coro With drooping wings con el que se cerró la tragedia desde un registro diferente pero igualmente contenido.
En definitiva, el Ensemble Les Surprises demostró en el Cervantes por qué su trabajo no puede entenderse únicamente desde la interpretación historicista. Fundado en 2010 por la violista Juliette Guignard y el organista y clavecinista Louis-Noël Bestion de Camboulas, el conjunto ha situado la investigación musicológica e histórica en la base de su trabajo, aunque la utiliza como punto de partida para explorar nuevas posibilidades escénicas y sonoras del repertorio de la época barroca. En Dido and Aeneas, esa filosofía resultó especialmente evidente: mirar hacia el siglo XVII para encontrar nuevas posibilidades en el XXI.































