
El musical El fantasma de la ópera ha recalado en el Teatro Cervantes de Málaga, espacio en el que permanecerá hasta el próximo 9 de agosto. La producción de LetsGo Entertainment, dirigida escénicamente por Federico Bellone, confirma en la capital de la Costa del Sol que el musical de Andrew Lloyd Webber continúa siendo una de las grandes referencias del teatro musical de nuestros días. Así, a la calidad y magnetismo de su partitura suma una puesta en escena espectacular.
Estrenado en el Her Majesty’s Theatre de Londres en 1986 y en Broadway dos años después, The phantom of the opera se ha convertido en el musical de mayor permanencia en la historia de la cartelera neoyorquina. Basado en la novela Le fantôme de l’opéra (1910), de Gaston Leroux, el espectáculo ha sido visto por más de 160 millones de espectadores en casi doscientas ciudades y traducido a diecinueve idiomas. Sus más de setenta premios internacionales, entre ellos siete Tony Awards y cuatro Olivier Awards, avalan una trayectoria muy subrayada dentro del género.
La historia mantiene intacta en nuestros días toda su capacidad de fascinación. Erik, el misterioso Fantasma que habita los subterráneos de la Ópera Populaire de París, encuentra en la joven soprano Christine Daaé la artista capaz de materializar sus sueños musicales y, al mismo tiempo, el objeto de una obsesión amorosa que desencadenará una compleja trama de amor, celos, ambición, belleza y tragedia. La dramaturgia continúa funcionando con enorme eficacia gracias al equilibrio entre el suspense, el romanticismo y la dimensión psicológica de unos personajes que trascienden el estereotipo.

La producción española demuestra un gran cuidado en todos sus apartados. De esta manera, la dirección de Federico Bellone imprime dinamismo narrativo y dota de coherencia escénica a una obra de gran complejidad técnica. Por su parte, la escenografía diseñada por el propio Bellone, el vestuario de Chiara Donato, la iluminación de Valerio Tiberi, el diseño sonoro de Roc Mateu, los sorprendentes efectos especiales de Paolo Carta y la caracterización, especialmente la máscara diseñada por OXUMFX, conforman un espectáculo visualmente impactante en el que cada transición escénica aparece resuelta con enorme fluidez.
Uno de los grandes valores del montaje reside precisamente en esa capacidad para conjugar espectacularidad y emoción. Los rápidos cambios de decorado, el descenso de la célebre lámpara, las apariciones del Fantasma o las escenas subterráneas mantienen intacta la capacidad de sorprender al espectador, eso sí, siempre al servicio del desarrollo dramático.
En el plano interpretativo, Manu Pilas, en el papel de Erik, combinó una poderosa presencia escénica con una notable profundidad psicológica. De esta forma, da vida a un personaje tan inquietante como profundamente humano. Desde el punto de vista vocal, afrontó con brillantez una de las partituras más exigentes del repertorio del teatro musical. Sobresalió especialmente en «La música de la noche», uno de los grandes momentos de la función.
Junto a él, Judith Tobella ofreció una Christine Daaé luminosa, elegante y técnicamente muy sólida. Su evolución dramática a lo largo de la propuesta se construye con naturalidad, mientras que sus intervenciones vocales evidenciaron una excelente preparación lírica. La química entre ambos protagonistas constituye uno de los pilares emocionales del espectáculo y permite que la compleja relación entre Erik y Christine alcance una notable credibilidad.
Rubén López (Raoul de Chagny) también resultó convincente. Sin duda, aportó nobleza y equilibrio a un personaje que, con frecuencia y en otros montajes, puede quedar desdibujado frente al magnetismo del Fantasma. También brillaron Virginia Esteban como Carlotta, Francisco Ortiz como Piangi, Enrique R. del Portal y Eduardo Santamaría en los papeles de los nuevos directores de la Ópera e Isabel Malavia y Sofía Esteve como Madame Giry y Meg Giry. Además, cabe citar un elenco y un ensemble perfectamente sincronizado (Fran Velázquez, María Gago, Jan Forrellat, Irene Barrios, Alejandro Rull, Lola Nájera, Alberto Collado, Luis Maeso, Sonia Gascón, Sergi Pedrós, Natalia Pascual, Darío Gallego, Helena Clusellas, Víctor Díaz y Natxo Núñez).

Como se indicó, la música continúa siendo el gran corazón del espectáculo. La magnética partitura de Andrew Lloyd Webber conserva intacta su capacidad para emocionar. Números como «La música de la noche», «Todo lo que te pido», «Deseando que estuvieras aquí otra vez» o el brillante «Carnaval» siguen despertando el entusiasmo del público décadas después de su creación y alterna instantes de gran espectacularidad con pasajes de marcada intimidad.
Especial reconocimiento merece la orquesta de catorce músicos, dirigida por Jorge Molina, cuya interpretación en vivo aporta profundidad y riqueza tímbrica a toda la representación. En tiempos en los que muchas producciones recurren parcialmente a recursos pregrabados, resulta especialmente meritorio mantener una formación instrumental en directo capaz de sostener con solvencia la celebrada partitura.
En definitiva, el Teatro Cervantes vuelve a convertirse en escenario de uno de los grandes acontecimientos culturales del verano malagueño. El fantasma de la ópera continúa demostrando que las grandes historias, cuando se interpretan con talento, rigor y una producción tan cuidada como esta, permanecen plenamente vivas sobre los escenarios casi cuarenta años después de su estreno.
































