
Como suele ser habitual, la Orquesta Filarmónica de Málaga brindó su ya tradicional concierto de Semana Santa a la música religiosa. Conducida por su director titular, José María Moreno, el programa en dos partes que preparó la agrupación costasoleña para los recitales del jueves 26 y viernes 27 de marzo de 2026 en el Teatro Cervantes tuvo como protagonistas a dos de los compositores más destacados en la historia de la órbita académica. Así, se pudo disfrutar del Oratorio de Pascua BWV 249 de Johann Sebastian Bach (1685-1750) y, sobre todo, del célebre Réquiem K 626 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).
La velada se inició con el Oratorio de Pascua de Bach, una obra singular dentro del corpus religioso del Cantor de Leipzig, creador clave en la música de la época barroca. Johann Sebastian partió en su escritura de una cantata profana datada en 1725. Así, a mediados de la década de 1730 la adaptó al formato de oratorio para el ciclo litúrgico pascual, hecho que explica su carácter luminoso. A diferencia de los grandes oratorios narrativos del compositor alemán y a la grandeza de sus pasiones, esta partitura se presenta como una celebración concentrada, casi camerística en su concepción dramática, aunque reforzada por la brillante presencia y evolución de las trompetas.

La Filarmónica de Málaga ofreció una lectura clara y bien estructurada gracias a una línea caracterizada por tempi ágiles y una articulación definida. Así, la arquitectura contrapuntística de la partitura se disfrutó con nitidez y cercanía. La cuerda mostró flexibilidad y elegancia, mientras que los metales aportaron un carácter ceremonial. En global y sumado al concurso de los solistas (la soprano Génesis Moreno, la mezzo Carolina Rotela, el tenor Juan de Dios Mateos y el bajo Cristian Díaz) y del Coro de Ópera de Málaga, dirigido por Pablo Guzmán Palma, su lectura fue equilibrada y subrayó el carácter jubiloso de la partitura.
Si la primera parte del programa se movió en el terreno de la celebración pascual en la órbita protestante, la segunda condujo al público hacia una dimensión más reflexiva y trascendente gracias el Réquiem de Mozart, una misa de difuntos católica que se ha convertido en una de las partituras más emblemáticas de la historia de la música académica occidental.
En resumen, la partitura, encargada y pagada por el conde Franz von Walsegg para conmemorar a su esposa fallecida, quedó inacabada a la muerte del compositor, por lo que fue completada posteriormente por su discípulo Franz Xaver Süssmayr (algunos especialistas también han señalado a otras posibles personas como colaboradores en esta labor). Este hecho y el mito posterior alimentado por dramas, óperas y películas ha contribuido con el paso del tiempo a alimentar una de las narrativas más persistentes del imaginario musical académico: la del compositor enfrentado a su propia muerte mientras escribe una misa de difuntos para él mismo encargada por un enmascarado que proviene del más allá. Fuera de la leyenda, el Réquiem de Mozart continúa impresionando al público actual por su extraordinaria capacidad para sintetizar dramatismo, expresividad y tradición.

En el Cervantes, el Coro de Ópera de Málaga asumió buena parte del protagonismo dramático de la propuesta. El conjunto mostró un sonido compacto, pleno en matices y bien empastado, particularmente eficaz en páginas de gran intensidad como en el Dies irae. Frente a estos momentos, dibujaron también atmósferas más recogidas en secciones como el Recordare o el Lacrimosa. En estas partes, la línea musical se torna introspectiva y plena en belleza.
El cuarteto solista, integrado por los anteriormente señalados Génesis Moreno, Carolina Rotela, Juan de Dios Mateos y Cristian Díaz, se combinó solvencia con la agrupación instrumental. La dirección de José María Moreno se caracterizó por una interpretación coherente y narrativa del conjunto de la partitura. Su enfoque privilegió la continuidad del discurso musical y subrayó los contrastes dramáticos planteados por Mozart. El resultado fue una interpretación sólida por parte de la orquesta, coro y solistas que volvió a demostrar la extraordinaria capacidad de este Réquiem para emocionar y conmover al oyente actual.
En definitiva, en una ciudad como Málaga, en la que la música, la religiosidad y la espiritualidad forman parte inseparable de la experiencia de la Semana Santa, el encuentro en el escenario del Cervantes con un oratorio de Bach y el siempre mágico Réquiem de Mozart fue un preludio de lujo y con mayúsculas para el inminente inicio de esta celebración.


































