
La Orquesta Filarmónica de Málaga ofreció el quinto concierto de la temporada de abono 25-26 en el Teatro Cervantes el viernes 12 de diciembre de 2025 con un programa de más de dos horas de duración marcado por el contraste. En la primera parte, se escuchó Lamentate de Arvo Pärt (1935), mientras que en la segunda tomó protagonismo la Sinfonía n.º 4 de Gustav Mahler (1860-1911). Bajo la dirección de José María Moreno, también actuaron el pianista Helge Antoni (1956) en la sección inicial y la soprano Yolanda Auyanet (1970) en un emocionante y subrayado final.
Es un tanto complejo definir y caracterizar Lamentate, de Pärt, obra encargada en 2003 por la Tate Modern para dialogar con Marsyas, la monumental escultura de Anish Kapoor (1954). El estonio nacionalizado austriaco la concibió como una elegía por la muerte y una reflexión sobre la vida y los seres sintientes. Tras las palabras de presentación del recital que ofreció José María Moreno, la OFM se adentró en un ecosistema sonoro de resonancias, tensiones y transiciones.
El pianista Helge Antoni, músico sueco de origen finlandés con una larga trayectoria internacional, es conocido por su defensa del repertorio actual, además de por una amplia actividad camerística y pedagógica. Los textos que se proyectaron en el Cervantes, para acompañar la interpretación, de carácter religioso, aludían quizá a un tiempo litúrgico posterior al brillante y luminoso Adviento de preparación al nacimiento de Jesús que se disfruta como en pocos lugares del mundo en Málaga.
Tras el descanso, fue el turno de la Cuarta Sinfonía en sol mayor (1899-1900) de Mahler. Surgida del lied final Das himmlische Leben, escrito de forma previa a los tres movimientos que lo preceden, se puede entender como un viaje desde lo terrenal hacia la visión resplandeciente del cielo con la que concluye.
José María Moreno planteó una lectura lírica, equilibrada y cuidada en la que sobresalió la aportación de la concertino Mariam Nahapetyan. En el movimiento final, también de carácter religioso, intervino la anteriormente citada soprano Yolanda Auyanet (1970. La canaria evidenció una línea de canto flexible y de dicción cuidada, delicada y plena en comunicación con la orquesta. Sin duda, colaboró en generar la ovación final con la que los asistentes despidieron el recital. En definitiva, el concierto planteó un viaje entre la oscuridad, la religiosidad y la luz.






























