
La quinta edición del Brisa Festival de Málaga se ha desarrollado con éxito de público el jueves 24, viernes 25 y sábado 26 de julio. Tal y como aconteció en la edición de 2024, en este 2025 ha vuelto a escoger el Dique de Levante del Puerto de Málaga, un lugar bien conocido por los amantes de las carreras populares de atletismo, ya que alberga numerosas pruebas en el calendario deportivo malagueño, como espacio para ubicar, con acierto, el recinto de conciertos y hacer honor al nombre del ciclo.
Lo cierto es que el festival de la capital de la Costa del Sol sigue firme en su evolución y consolidación. Así, en su cartel ha combinado nombres consagrados, artistas emergentes y distintos estilos y escenas. Además, ha cuidado en gran medida la perspectiva de género. De la misma manera, se ha presentado como una propuesta intergeneracional y comprometida con el territorio, ya que hubo nutrida presencia de formaciones y solistas malagueños y andaluces.
Jueves 24 de julio: juventud, pop en femenino y llegada
La primera jornada del festival se inauguró con interés gracias a Sanguijuelas del Guadiana. Esta joven agrupación extremeña combina el desparpajo juvenil, referencias a Extremoduro, Triana, Nirvana o Estopa, apuesta temática por el ámbito rural y clara comunicación con el público. Sin duda, su directo, ofrecido justo después de la apertura, se adaptó al calor y fue una de las sorpresas en positivo del festival
Les siguió Cariño, un trío femenino madrileño centrado en el pop. En Málaga desplegaron un repertorio contagioso con letras y temáticas hedonistas, costumbristas y centradas en la vida en la gran ciudad.

El espacio central del día se dedicó a Viva Suecia, uno de los grupos de moda en el panorama musical español de un tiempo a esta parte. Los murcianos lograron una de las entradas mayores del Brisa y ofrecieron una propuesta centrada en el pop y el rock en la que desgranaron algunos de sus temas más destacados, como Bien por ti, La voz del presidente o El bien. Incluso, invitaron a escena a Siloé y lograron movilizar y captar la atención mayoritaria de los asistentes.

Viernes 25 de julio: identidad andaluza, sensibilidad y energía pop
Arrancamos la segunda jornada con el mestizaje, la crítica política y social el andalucismo como algunos de los puntos principales del directo de Califato ¾. Ecos de la música cofrade, ritmos de raíz, funk, hip hop, reflejos flamencos, disfraces y actitud punk con alguna que otra contradicción son algunos de los ingredientes que los sevillanos-malagueños combinan en vivo.
Después, Zahara ofreció un recital en el que la electrónica, la performance, la iluminación, las proyecciones y la sorpresa se dieron la mano, interpretación de un tema en un WC portátil incluida. La cantante y compositora de Úbeda entremezcló la interpretación de nuevas canciones con otras procedentes de distintos instantes de su discografía en un directo fluctuante.

Había un notable interés por presenciar en vivo a Dani Fernández. El de Alcázar de San Juan, tras formar parte de Auryn, inició en 2016 una carrera en solitario que no ha hecho más que crecer y evolucionar hasta convertirse en uno de los referentes de la actualidad en su escena. Como se pudo comprobar en el Brisa Festival, la energía, el talento y la capacidad de transmisión y conexión del manchego es evidente. Centrado en el pop rock intergeneracional, ofreció un concierto eléctrico y emocional coreado de principio a fin por su legión de seguidores.

Sábado 26 de julio: voz, puesta en escena, pop y nostalgia
La jornada del sábado 26 de julio de 2025 se caracterizó por un excelente sonido. En primer lugar, Anni B. Sweet fue una de las representantes de la escena musical malagueña. Su voz y mensaje destacaron en un concierto cuidado y emotivo.

A continuación fue el turno de Miss Caffeina, conjunto que atesora una amplia experiencia en escenarios y festivales de muy distinta procedencia. Los madrileños aprovecharon la gran pantalla dispuesta detrás del escenario para acompañar con distintas producciones de vídeo una propuesta bailable, colorista, de energía contagiosa y de muy buen tono musical.
El espacio principal de la jornada se brindó a Duncan Dhu, banda que celebró su 40 aniversario en el escenario del Brisa. El conjunto formado en 1984 por Mikel Erentxun, Diego Vasallo y Juan Ramón Viles tomó como nombre a un personaje de la novela de Robert Louis Stevenson Secuestrado (1886). En Málaga ofrecieron un concierto con base en un pop cuidado, elegante y evocador. Como no podía ser de otra manera, sonaron Cien gaviotas, Esos ojos negros o En algún lugar.

Fortalezas y desafíos
Como se ha apuntado, la organización del Brisa Festival se sustenta en la profesionalidad y simpatía de todo el personal: seguridad, producción, prensa, camareros, zona de restauración… La labor conjunta de todos ellos contribuye en generar y sustentar un ambiente cálido y ordenado. El recinto, amplio, cómodo y bien diseñado, permite una experiencia agradable incluso en los momentos de mayor afluencia. Un detalle especialmente destacable fue la presencia de familias con niños, hecho que denota que el festival malagueño piensa en todos e intenta generar un entorno seguro y estimulante para que personas de todas las edades disfruten de la música en vivo con seguridad.
Como en todo gran evento, también se pueden encontrar distintos aspectos a mejorar, retos o desafíos a atender en próximas ediciones. Así y sin empañar las actuaciones, el sonido fue algo fluctuante en algunos instantes de las dos primeras jornadas. Del mismo modo, la conexión WIFI fue también muy limitada para usuarios de algunas compañías, hecho que dificultó las comunicaciones y la labor del personal de barras y restauración en algunos instantes de mayor afluencia.
El programa musical atiende a la perspectiva de género y parte de artistas locales y regionales, hecho a aplaudir y subrayar. La distribución de propuestas y horarios es coherente, aunque podría revisarse en algún punto para aprovechar mejor la progresión en intensidad de las distintas propuestas. Y, como aspecto curioso, el precio de una botella de agua se fijó en 3 euros. A pesar de que la que se ofertó era de Cuenca (sin duda, algunas de las mejores aguas del mundo provienen de esta mágica provincia), quizá sea un precio excesivo, más atendiendo a las altas temperaturas que se vivieron.
En definitiva, el Brisa Festival continúa su asentamiento y progresión entre los principales festivales dedicados a las músicas populares urbanas en España en verano. En su edición de 2025, ha demostrado que es mucho más que música: es una experiencia compartida, un espacio de convivencia, un estímulo para que malagueños y visitantes disfruten en y del Puerto de Málaga y un reflejo del pulso creativo de la actualidad.



































