Albert Pla, durante su actuación de anoche. Daniel Pérez / Teatro Cervantes

La temporada musical 2024-2025 recién comenzada en el Teatro Cervantes de Málaga se puede catalogar como ambiciosa, variada y diversa. Tras la representación de la ópera El gitano por amor el pasado 20 y 22 de septiembre, el festival S!ngulares toma protagonismo entre el 28 de septiembre y el 13 de octubre. La difícilmente clasificable propuesta de Albert Pla & The Surprise Band levantó al público de la sala de la capital de la Costa del Sol y sirvió como punto de inicio de un ciclo interesante, heterogéneo y con marcada personalidad. 

Después del catalán, se podrá disfrutar del directo de Antoñito Molina (29 de septiembre) y, ya en octubre, de Francisco Céspedes (martes 1), Patáx (miércoles 2), Rita Payés (jueves 3), La Cabra Mecánica (viernes 4), Navajita Plateá (viernes 5), Mikel Erentxun (sábado 12) y Depedro (domingo 13). 

Foto: Daniel Pérez / Teatro Cervantes

Acompañado por los sobresalientes Diego Cortés a la guitarra, Judith Farrés (programaciones y sonidos electrónicos), Cristina López y Ana Brenes (coros, palmas y baile) y Belén Martí (coreografía y baile), Albert Pla (voz y guitarra) ofreció en Málaga su nuevo espectáculo, Rumbagenarios. Como pudimos comprobar en una puesta en escena dinámica, hilarante, punzante, refrescante, vibrante e, incluso, bailable en distintos instantes, en él tienen cabida canciones extraídas de distintos momentos de su extensa carrera, otras todavía no grabadas y un elenco de versiones en las que se detuvo en temas de Enrique Iglesias, Extremoduro y Manuel Alejandro. 

Albert Pla es un artista polifacético, provocador y original que ha evidenciado una  carrera musical, teatral y cinematográfica diversa y de múltiples estímulos. Conocido por su estilo ecléctico y muy personal y su capacidad para mezclar géneros como la rumba, el rock y la canción de autor, entre otros, el de Sabadell (1966) destaca por una propuesta que desafía convenciones y explora los límites entre el surrealismo, el absurdo, la paranoia, la creatividad, la irreverencia, la provocación, el humor, la crítica, la libertad de expresión y la poesía. Su debut discográfico llegó con Ho sento molt (Picap, 1989), al que siguieron Aquí s’acaba el que es donava (BMG, 1990) y el celebrado No solo de rumba vive el hombre (BNG, 1992). Más tarde llegaron Veintegenarios en Alburquerque (BMB, 1997), Anem al llit? (BMG, 2002) y el introspectivo La diferencia (Sony, 2008). 

Foto: Daniel Pérez / Teatro Cervantes

Albert Pla se presentó solo en escena con su característica voz susurrante, inquietante, infantil, incitadora, turbadora y magnética para interpretar Están cayendo bombas en Madrid recordando tal vez los horrores de la guerra civil española y posibles escenarios que ojalá no sucedan nunca. Ya con toda la banda en escena, fue el turno de Marcelino Arroyo del Charco, en la que se pudo disfrutar de las interesantes proyecciones que acompañaron a algunos de los temas. Continuó con Qué más me da o si da o no da, Hongos y la parada en Experiencia religiosa, sorprendente vídeo incluido, de Enrique Iglesias, que formó parte de la banda sonora de la serie La mesías de Javier Ambrossi y Javier Calvo para Movistar Plus+. 

A continuación, El lado más bestia de la vida dejó espacio a un creciente Diego Cortés y Pepe Botika (Dónde están mis amigos) recordó a Robe Iniesta. Tras la controvertida La dejo o no la dejo y Soy rebelde, de Manuel Alejandro y popularizada por Jeannette, dejaron solo en escena al guitarrista Diego Cortés. El de Tordera levantó literalmente al público en una extensa, marcada y vibrante interpretación que caminó entre una granaína, ecos del Concierto de Aranjuez, de Entre dos aguas de Paco de Lucía, rumba catalana, percusión, scat y virtuosismo. 

Foto: Daniel Pérez / Teatro Cervantes

Ya con el elenco de nuevo en escena, Lola, La dama de la guadaña, la siempre destacada Joaquín el necio, en la que llegó a comerse una rosa que le habían lanzado instantes antes, e Insolación sirvieron para despedirse por primera vez del público del Cervantes. En los bises, Sufre como yo, Carta al rey Melchor y El sol de verano, con la compañía de las palmas de los asistentes, pusieron el punto final a un concierto de una hora y media aproximada de duración. 

Por último, subrayar el buen sonido, la excelente iluminación y el trabajo de Judith Farrés en las bases y de Cristina López, Ana Brenes y Belén Martí en coros y baile, abriendo también el espacio escénico y dotando de nuevos estímulos a una propuesta que camina por el lado más singular de la vida.