Brian Wilson, cerebro de los Beach Boys, se bajó de los escenarios a mediados de los sesenta para centrarse en el estudio de grabación. Mientras el resto de integrantes del grupo viajaba por medio mundo presentando sus canciones, Wilson, a sus 23 años, se encerró a componer su particular “sinfonía adolescente para Dios”. Reunió a curtidos instrumentistas de diversos ámbitos y les indicó, con los planos del proyecto en su cabeza, cómo debía construirse su Pet sounds. Nació así un disco que se alimenta de guitarras, bajos y baterías, pero también de ukeleles, violas y trompetas, herramientas inéditas hasta la fecha en la, por entonces, adolescente música pop. “Nosotros solo escuchábamos la base, pero él era capaz de imaginar cómo sonaría con cuerdas y voces. Lo escuchaba todo desde dentro”, rememoraría más tarde el acordeonista Carl Fortina.

Algo similar le ocurría a Glenn Miller. Mientras empeñaba y desempeñaba incansablemente su trombón para ir tirando, Miller ideaba arreglos y partituras sin cesar. Comenzó a trabajar para el célebre baterista Ben Pollack —donde coincidió con Benny Goodman—, pero terminaría por lanzarse a tocar por su cuenta en clubes, sesiones radiofónicas y variopintos espectáculos musicales. En 1938 configura su propia banda, con la que pocos meses después publicaría Moonlight Serenade. La notoriedad de la pieza, a la que puso letra Mitchell Parish, le auparía a una extraordinaria posición en las listas de éxitos que mantendría el resto de su vida gracias a títulos como Pennsylvania 6-500, A string of pearlsChatanooga choo choo. En 1942 se une a las Fuerza Aéreas de Estados Unidos, en donde alcanzaría el rango de capitán y encabezaría una nueva orquesta para entretener a las tropas. Dos años después, mientras preparaba una gira por Europa, el avión en el que viajaba de Londres a París desaparece sobre el canal de la Mancha.

The Pasadena Roof Orchestra, dirigida por el solvente vocalista Duncan Galloway, rindió tributo a la figura de Miller en el Cervantes interpretando de forma impecable más de una veintena de composiciones entre las que no faltaron Tuxedo Junction, At last, Somewhere beyond the sea, Mack the knife o una ineludible In the mood. El repertorio habitual de la agrupación inglesa, fundada en 1969 por John Arthy, está confeccionado a partir del catálogo de personalidades como George Gershwin, Louis Armstrong, Cole Porter o Duke Ellington: la excelencia, pues, está garantizada. Especializado en el jazz y el swing de los años 20 y 30, el conjunto, acompañado en esta ocasión por los juegos vocales del trío The Irresistible Andrews Sisters y las vivarachas coreografías de los Swing Time Jivers, ofreció un estupendo homenaje a una corriente jazzística, moderna y urbana, que puso a bailar a todo dios en las primeras décadas del siglo XX y que, aún hoy, sigue agitando el esqueleto de un buen puñado de simpatizantes. Y que dure.

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