Tras la actuación de Pink Floyd en el Live 8 -¡once años han pasado ya!-, muchos volvimos a tener esperanzas en una nueva reunión de la banda. Parece que a Roger Waters no le disgustaba la idea, pero David Gilmour se mantuvo firme: no volvería a girar con sus antiguos compañeros. Desde entonces se han sucedido colaboraciones aisladas, han publicado discos más o menos mediocres y Richard Wright, teclista de la formación, falleció en 2008. Pero los discos de Pink Floyd seguirán ahí. Tampoco desaparecerán la infinidad de grupos que recrean sus canciones noche tras noche en garitos, palacios de deportes, teatros. Aquí en España tenemos a The Pink Tones, por ejemplo. Y desde Australia, los Aussie Pink Floyd justifican siempre el notable precio de sus entradas.

Los creadores de aquel Symphonic Rhapsody of Queen presentan ahora Symphonic of Pink Floyd, un espectáculo que conforman una banda rock convencional -guitarras, bajo, batería, teclados- y una orquesta sinfónica, en este caso la One World. En total, casi treinta músicos sobre el escenario. Trevor Murrell (batería), Pete Shaw (bajo), Christian Vidal (guitarra), Lolo García (saxofón), Wili Medina (piano y teclados) y los cantantes Tommy Heart, Michele McCain Pablo Perea recrean el repertorio de Pink Floyd prácticamente sin alteraciones. La voz de Michele, puro jazz y soul, termina acoplándose pese a reticencias iniciales. Los músicos se muestran solventes -los guitarristas van más allá- y la orquesta proporciona nuevos arreglos más o menos acertados. No nos olvidamos de unas fantásticas coristas que tuvieron en The great gig in the sky, como no podía ser de otra manera, el merecido protagonismo.

Los temas elegidos pertenecen a la época más burguesa del grupo -exceptuando One of these days-, con predilección por The dark side of the Moon (1973) y Wish you were here (1975) -que cayeron enteros- y los álbumes posteriores a The Wall (1979), que siempre serán tachados, no sin razón, como el material más prescindible de la banda. Ni rastro de Animals (1977): continúa siendo, para muchos, de difícil digestión. Casi tres horas de concierto en un Cervantes a medio gas -era la segunda noche consecutiva en Málaga- que terminó bailando al ritmo de un memorable Another brick in the wall. Si son ustedes seguidores de largo recorrido del grupo y se lo pueden permitir, Symphonic of Pink Floyd, una vez superado los despistes iniciales, difícilmente les defraudará. Palabra.

Foto: Marian Pastor.

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