Una imagen de 'Werther', de Jules Massenet, representada ayer en el Teatro Cervantes bajo la dirección musical de Audrey Saint-Gil. Carlos Díaz / Teatro Cervantes

La ópera francesa regresó a la 37ª Temporada Lírica del Teatro Cervantes el viernes 28 de noviembre de 2025 —también se podrá disfrutar el domingo 30— con una de las partituras clave en la música romántica: Werther (1887), de Jules Massenet (1842-1912). El público recibió con expectación —no se disfrutaba de este título en este mismo escenario desde hace más de treinta años— y despidió con una ovación de más de cinco minutos esta nueva producción del coliseo malagueño. En ella, se contó con la brillante dirección musical de la directora Audrey Saint-Gil, la cuidada escenografía de la Opéra-Théâtre de l’Eurométropole de Metz y un sobresaliente reparto dominado por el magnetismo del tenor jerezano Ismael Jordi y la expresividad profunda de una mezzosoprano, la tunecino-canadiense Rihab Chaieb, que se despidió agradecida besando las tablas de la sala de la Costa del Sol.

Werther nace de la fascinación de Jules Massenet por la novela epistolar Las penas del joven Werther (1774) de Goethe (1749-1832), una obra fundacional del Romanticismo literario que explora la pasión absoluta, la frustración y el abismo emocional. Massenet comenzó a componer la ópera en 1885, en plena madurez creativa, y volcó en ella su sensibilidad melódica, su gusto por el color orquestal y su intuición psicológica. Aunque el director de la Ópera de París rechazó inicialmente el proyecto por considerarlo un tanto sombrío, la propuesta se estrenó finalmente en Viena en 1892 con gran éxito. Desde entonces, se ha convertido en una de las partituras más profundas  del repertorio francés, un testimonio del lirismo introspectivo y de elegancia emocional.

Foto: Carlos Díaz / Teatro Cervantes

Con respecto al montaje que se disfrutó en Málaga, el director de escena Paul-Émile Fourny, conocido en la Costa del Sol por su trabajo previo en Fausto y Andrea Chénier, propuso una lectura psicológica que convierte a Werther en un poeta desbordado por una fijación que se agranda hasta devastarlo y llevarlo al abismo. El eje visual del montaje es un enorme cuadro con una familia congelada en el tiempo, los Büren, que evoluciona al mismo tiempo que se desarrolla la trama, el destino trágico y la pasión y obsesión del protagonista. Ese lienzo es reflejo del encierro emocional del que Werther no logra salir. En cambio, Charlotte es el único personaje que atraviesa el marco para convertirse en persona viva, atrapada entre el deber y el deseo. Así, Fourny parece insistir en la tragedia de una mujer que no decide su destino y se muestra sometida a las convenciones asfixiantes de época sin poder atender a lo que dicta su corazón. Ese conflicto —amor, culpa, obligación— es el auténtico corazón emocional del montaje.

Con respecto a los solistas, Ismael Jordi dio vida a un poeta herido, vulnerable y pleno en musicalidad. Su timbre, cálido y luminoso, la dicción impecable y un fraseo de enorme sensibilidad construyeron un personaje completo y complejo. Su Pourquoi me réveiller, la sección más celebrada de la puesta en escena, fue premiada con una gran ovación.

Foto: Carlos Díaz / Teatro Cervantes

A su lado, Rihab Chaieb ofreció una Charlotte intensa, introspectiva, de voz tersa, cuidada y plena en matices. Chaieb mostró una interpretación técnica y emocionalmente muy subrayada, especialmente en el tercer acto, donde su lectura del conflicto interno alcanzó varios momentos culminantes que también despertaron el aplauso del Cervantes.

Por su parte, el barítono Alfonso Mujica brindó un Albert de una notable presencia vocal. Además, la soprano española Aitana Sanz sobresalió con una Sophie fresca, luminosa y magnética. Junto a ellos, Fernando Latorre (el magistrado), José Antonio Ariza (Johann), Luis Pacetti (Schmidt), Clara Fernández Lozano (Kätchen) y Manuel Sánchez Bello (Brühlmann) completaron un reparto coral de muy buen tono. 

La dirección musical de la directora Audrey Saint-Gil también rayó a gran altura. Exigente con los colores y elegante en los planos sonoros, dibujó una lectura destacada en naturalidad, cercanía y emoción, sobre todo a partir del tercer acto. Por su parte, la Orquesta Filarmónica de Málaga continúa en estado de gracia, evidenció una paleta dinámica que acompañó con sensibilidad a cada solista y brilló en los momentos en los que actuó en solitario. Mención especial merece la participación de la Escolanía Pueri Cantores Málaga, dirigida por Antonio del Pino, cuya intervención añadió transparencia y emoción al primer acto y color en los instantes finales. 

Foto: Carlos Díaz / Teatro Cervantes

Además, esta 37ª Temporada Lírica continúa apostando ampliar el vínculo entre el Cervantes y la ciudad. De esta forma, gracias al proyecto pedagógico Cervantes Lírico unos 500 estudiantes asistieran al ensayo de conjunto, acercándolos al proceso creativo de una ópera desde dentro. No obstante, Werther posee un potencial pedagógico muy subrayado, ya que habla de pasión, dolor y decisiones complejas, evidenciadas en Málaga en una puesta en escena para enmarcar.