
La Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) celebró el jueves 30 y el viernes 31 de octubre de 2025 el tercer concierto de su Temporada de Abono 25-26 en el Teatro Cervantes de la capital de la Costa del Sol. En este caso, su propuesta entrelazó partituras de carácter nórdico con otras procedentes de la época clásica vienesa y de la barroca italiana. Así, tras la gala lírica inaugural y un segundo programa de tintes románticos, este recital se puede entender como una aproximación a parte de la identidad académica musical del norte europeo y a la trompeta como instrumento solista.
El maestro Rune Bergmann, natural de Noruega, debutó con la OFM con una dirección firme, luminosa, didáctica, expresiva y divertida. Actual Director Musical de la Calgary Philharmonic Orchestra (Canadá) y de la Filarmónica de Argovia (Suiza), se ha consolidado como un conductor de gran versatilidad y profundidad emocional. Evidenció una técnica precisa y elegante y prestó especial atención al color orquestal y a los contrastes dinámicos.
El programa se abrió con Finlandia, op. 26 de Jean Sibelius (1865-1965), una de las piezas clave de la historia de la música académica de su país. Bergmann, que no necesitó tarima debido a su altura (además, dependiendo del instante prefirió tomar la batuta o utilizar solo sus manos), dirigió a una OFM equilibrada, enérgica, intensa y solemne. A continuación, el trompetista Ole Edvard Antonsen destacó en brillo, lirismo y virtuosismo en las dos obras que protagonizó como solista.
Considerado uno de los trompetistas más destacados del panorama internacional, el también noruego demostró una técnica impecable y un sonido pleno en musicalidad. Así, en el Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol mayor de Frank Joseph Haydn (1732-1809), compuesto para el inventor de la trompeta de llaves, Anton Weidinger (1766-1852), tal y como apuntó José Antonio Cantón en las notas al programa, Antonsen desplegó un fraseo elegante, dinámico y expresivo y una subrayada capacidad de conjunción y comunicación con la orquesta.
Después, y tras cambio de trompeta incluido para adecuarse al espectro temporal y estilístico de la partitura, interpretó el Concierto para violín en mi mayor, d. 53, de Giuseppe Tartini (1692-1770), en versión adaptada para trompeta por Iván Jevtić en re mayor. En este caso, el noruego mostró versatilidad, precisión, control y un especial dominio del registro agudo. Para despedirse del público, junto con la orquesta y tras variar de nuevo de instrumento, regaló a los asistentes una bellísima propina.
Tras el descanso, la segunda parte estuvo dedicada a Edvard Grieg (1843-1907) y a sus célebres suites de Peer Gynt, op. 46 y op. 55. Micrófono en mano, en inglés y con uno de los chelistas como traductor improvisado, Runne Bergman presentó la propuesta e invitó al Cervantes a un recorrido por colores, situaciones, ubicaciones, emociones y atmósferas. Para ello y como mencionó, prefirió variar el orden de las secciones y entremezclar ambas colecciones.
El noruego empleó una amplia variedad de gestos y movimientos, bailes incluidos, sin olvidar la sonrisa, la didáctica, el magnetismo y una subrayada capacidad de comunicación y transmisión. A pesar de trasladar al sonido piezas muy conocidas, la interpretación de la OFM aportó matices y evidenció personalidad propia. Entre otros movimientos, la agrupación costasoleña se mostró poética, contenida y profunda en La muerte de Aase y brillante, creciente e intensa en En la gruta del rey de la montaña con la que finalizaron el programa, ovación de gala de cierre y bis incluidos.
En definitiva, la Orquesta Filarmónica de Málaga brilló en el Teatro Cervantes de Málaga gracias al colorido que imprimieron tanto la trompeta de Ole Edvard Antonsen como la batuta de un Rune Bergmann pleno en simpatía y capacidad de transmisión.






























