Bonnie Tyler y su banda, durante la actuación de anoche en el Castillo Sohail. Marenostrum Fuengirola

Lo cierto es que, a pesar de tener apuntado en mi agenda Finocam el concierto de Bonnie Tyler como uno de los más atractivos durante el mes de agosto por aquí cerca, no tenía pensado asistir. Más allá de que ya le pudimos ver y escuchar hace un par de veranos en el Selvatic Fest junto a Gloria Gaynor, ando estas semanas la mar de a gusto en una pedanía de la Axarquía entre lecturas, piscina y el noble arte del rascamiento de barriga, entre otros menesteres de cierta enjundia. Pero desde Bodegas Peñascal, bien majos, nos invitaron a asistir a alguna de las actuaciones de Marenostrum Fuengirola para celebrar los diez años de existencia del ciclo musical estival y, ya de paso, presentar su Rosé de Verano, un cóctel de vino rosado que, aunque no llegamos a catarlo anoche, parece que «no empalaga ni aburre, tiene estilo y no pesa ni en la cabeza ni en la conciencia». Habrá que probarlo. Total, que finalmente nos plantamos ayer en el Castillo Sohail para disfrutar de una noche estupenda entre las murallas de la fortaleza gracias a una Bonnie Tyler de carisma desbordante. 

No hubo grandes cambios con respecto a su comparecencia de 2023 en el recinto del Málaga Forum: junto a algunas canciones de su último disco hasta la fecha, The best is yet to come (2021), cayeron las sustanciosas versiones de Have you ever seen the rain? (Creedence Clearwater Revival), Hide your heart (Kiss), To love somebody (Bee Gees), Straight from the heart (Bryan Adams), Flat on the floor (Carrie Underwood) y The best, tema que Bonnie incluyó en su séptimo álbum dos años antes de que Tina Turner lo llevara a lo más alto de las listas de medio mundo. Tampoco faltó, ya hacia el final, la revisión del Turtle blues firmado por la Big Brother & The Holding Company, formación que si por algo ha pasado a la historia fue por contar entre sus filas con la inmensa presencia y voz de Janis Joplin. Y hablando de voces: qué decir de la de una Tyler, única en su especie, que siempre se mostró aguardentosa pero que con el transcurrir del tiempo ha terminado por adquirir una graduación superior. 

Escoltada por su solvente cuarteto, la británica se volvió a destapar sobre el escenario como una artista de primer orden que parece no cansarse nunca de animar, bromear y divertir al personal. Es capaz, qué sé yo, de plantarte un sol así de grande en un folio saturado de grises. Pero es que tampoco hace falta mucho más cuando suenan los primeros acordes de ese trío de ases compuesto por It’s a heartache, Total eclipse of the heart y un Holding out for a hero que levantó, ahora sí, los brazos y móviles de la casi totalidad de asistentes. Hay que quererla.