Juan Diego Flórez, en un momento del recital. Daniel Pérez / Teatro Cervantes

Difícil contemplar un inicio más adecuado para la 33ª Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga. En la tarde del domingo 31 de octubre de 2021 disfrutamos de un pletórico Juan Diego Flórez en otra velada que se recordará durante mucho tiempo en la capital de la Costa del Sol y que sigue dibujando una temporada diversa y de gran calidad.

Acompañado por una sobresaliente Orquesta Filarmónica de Málaga, conducida por el director estadounidense Christopher Franklin, el tenor evidenció su calidad vocal y simpatía en una sala que rozó el lleno. El cantante peruano efectuó un sobresaliente recorrido de casi dos horas de duración por algunas de las arias más destacadas de la lírica italiana y francesa del siglo XIX e inicios del XX. En los bises y abrazado a su guitarra, remató el recital con la interpretación de algunos temas clave de la música popular iberoamericana, «Malagueña» incluida. Como resultado, levantó al público de sus asientos en no pocas ocasiones, recibió un aluvión de «bravos», vítores y agradecimientos y se marchó reconocido y correspondido con una prolongada ovación de gala.

No obstante, Juan Diego Flórez (Lima, 1973) está considerado como uno de los mejores cantantes de la actualidad. Su registro vocal, catalogado como tenor lírico ligero, muestra una amplitud de dos octavas. Como por fortuna pudimos comprobar, destaca sobre todo en los agudos gracias a la brillantez y potencia de su instrumento. Curiosamente, comenzó su carrera musical efectuando versiones de músicas tradicionales y urbanas —su padre, también cantante y guitarrista, formaba parte del conjunto que acompañaba a Chabuca Granda—. Gracias a la mediación de un profesor de secundaria, que atendió a sus capacidades vocales, inició su formación reglada en el Conservatorio Nacional de Música de Perú.

Foto: Daniel Pérez / Teatro Cervantes

A continuación, marchó a Estados Unidos, país en el que se formó en el Instituto Curtis de Filadelfia y en la Academy Summer School de California. Después, el tenor peruano Ernesto Palacio lo invitó a Italia, país en el que debutó y triunfó en el Rossini Festival de Pésaro con 23 años. A partir de ahí, ha ido sumando éxitos en los teatros más importantes del mundo. Así, ha interpretado roles protagonistas de óperas de compositores como Bellini, Cimarrosa, Donizetti, Gluz, Lehár, Mozart, Paisiello, Puccini, Rossini, Rota, o Strauss, entre muchos otros. Como es el caso, también destaca por los recitales solistas que efectúa.

Con respecto al director, Christopher Franklin, tras formarse en su país, Estados Unidos, se trasladó a Italia. Ganador del Concurso de Dirección Internacional Gino Marinuzzi, de un tiempo a esta parte colabora con Juan Diego Flórez, al que ha acompañado en presentaciones en ciudades como Viena, Múnich, Frankfurt, Colonia, París, Hamburgo, Baden Baden, Dormund, Londres, Valencia, Miami, Moscú o Praga (a partir de ahora, tendrán que sumar Málaga a esta extensa lista).

Centrándonos en el concierto, inició la velada con una primera sección dedicada a Rossini una concentrada y precisa Orquesta Filarmónica de Málaga, integrada por cerca de cincuenta músicos, con la ‘Obertura’ de L’italiana en Algeri. Tras ella apareció Juan Diego Flórez en las tablas del Cervantes, recibido con un cálido aplauso de bienvenida. Comenzó su aportación con una pausada y ensoñadora ‘Deh! Tu m’assisti amore’, de Il signor Bruschino, y ‘La speranza più soave’ (Semiramide), arrancando los primeros bravos y evidenciando su virtuosismo y estado de forma.

La música de Donizetti cobró protagonismo en el siguiente apartado, primero con la orquesta sola en la juguetona y dinámica ‘Obertura’, de Don Pasquale, y después gracias a la conocida y bellísima ‘Una furtiva lagrima’ (L’elisir d’amore) y a ‘Inosservato penetrava… Angelo casto e bel’ (Il duca d’Alba).

A continuación, cambio de idioma incluido, realizó un recorrido por la música francesa iniciado por el ‘Entreacto’ del acto III de Carmen, con destacada aportación de la flauta travesera. Continuó el concierto con una luminosa ‘Vainement, ma bien aimée’, de Le Roi d’Ys, obra de Lalo, en la que se evidenció la compenetración y el entendimiento existente entre solista y director, trasladado a la formación instrumental malagueña.

Después, y ya en la recta final, Flórez recibió una de las ovaciones de la noche tras una dramática e intensa ‘Pourquoi me révéiller’, de Werther (Massenet), seguida con ‘Ah, lève-toi soleil’, de Roméo et Juliette (Gounod), a flor de piel. Tras un nuevo regreso a la música italiana con el celebrado y conocido ‘Intermezzo’, de Cavalleria rusticana (Mascagni), cerró programa con ‘Torna ai felici dì’, de Le villi (Puccini), en una creciente y subrayada interpretación reconocida por un potente y extenso aplauso por parte del público.

Foto: Daniel Pérez / Teatro Cervantes

En el apartado de bises y tras recibir frases de aliento de los asistentes en forma de “el nuevo Krauss”, agradecimientos por venir a Málaga y vivas a Perú, a los que respondió con simpatía y naturalidad, no dudó en sacar su guitarra a escena y entonar en solitario una «Malagueña» melancólica y de enorme belleza. No se quedó ahí, ya que siguió con la canción napolitana Cuore ingrato y, tras un instante en la que parte del auditorio se arrancó a realizarle peticiones, recordó que era el día peruano de la canción y se detuvo en el catálogo de la anteriormente citada Chabuca Granda con «La flor de la canela». Después, Flórez volvió a detener el tiempo con «Cucurrucucú», de Pedro Infante.

Pero aún faltaban paradas musicales por realizar. Regresó Christopher Franklin a la tarima del director para conducir a la OFM en una virtuosa «Granada», de Agustín Lara, y en la sobresaliente y catárquica ‘Nessum Dorma’, de Turandot (Puccini), con la que, esta vez sí, se despidió de un público malagueño puesto en pie, entregado y agradecido. Así se dio por finalizada una velada mágica, redonda y de un enorme nivel en la que se conjuntaron programa, director, orquesta, espectadores, sala y un solista entregado, cercano y pleno en virtuosismo, elegancia, cercanía y musicalidad, Juan Diego Flórez.