Azul Prusia, azul Berlín, que inauguró el Ciclo de Danza la semana pasada, se podrá ver en el Teatro Echegaray hasta el próximo sábado 20 de octubre. Texto: Alberto Fernández-Baca


Ana Rando, cuyo estilo prevalece y se reconoce durante toda la obra, nos da la mano para enseñarnos en Azul Prusia, azul Berlín el camino que Marc Chagall recorrió en su vida; el drama, el humor, la tragedia y el amor se intercalan, en ocasiones de forma contrapuesta, hilando fino gracias a unas transiciones que sorprenden, a veces, sin saber el porqué. Mantiene el interés al situarte entre la comprensión y la inquietud de no conocer la cantidad de alegorías, metáforas e inspiraciones que de la vida, obra y contexto histórico-social del pintor nos invita la coreógrafa a investigar en su montaje.

La riqueza coreográfica, apoyada en un gran sentido rítmico, hace de la selección musical un concepto artístico en sí mismo donde los sonidos y los silencios se bailan. La doble lectura de la escenografía como un elemento para mostrar o para ser usada de forma activa, el control del foco del espectador gracias a las técnicas de iluminación o la atención al detalle en el vestuario, entre otros componentes, hacen que Azul Prusia, azul Berlín se entienda como un todo en el que si hay algo al azar es porque así ha sido estipulado.

Kino Luque en el papel de Marc Chagall y Eva Alonso en el de su esposa Bella Rosenfeld se encuentran en una delicada fusión en equilibrio entre la técnica clásica de él y la expresión contemporánea de ella. Las cualidades interpretativas de Arturo Vargas en el papel alegórico de la religión y las de Esther Medina representando a Rusia completan un heterogéneo plantel que, sin perder lo que a cada intérprete más le caracteriza, se unifican bajo el estilo propio de Rando.

Foto: Azul Prusia azul Berlín (de Daniel Pérez / Factoría Echegaray)

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