El pasado mes de julio se celebró en el Salón de Actos del Instituto de Estudios Portuarios el curso de verano Tres generaciones de música pop española. Organizado por la Fundación General de la Universidad de Málaga (FGUMA) y dirigido por Santi Carrillo, periodista musical y director de la revista Rockdelux, el ciclo se presentaba como un suculento foro de encuentro y reflexión sobre la influencia recíproca de tres generaciones de músicos que, por su relevancia popular y artística, despliegan discursos que han tenido y tienen un gran peso en la cultura española. La selección incluía a Loquillo, Niño de Elche, Christina Rosenvinge, Kiko Veneno, J (de Los Planetas), Lidia Damunt, La Bien Querida, Sr. Chinarro, Nacho Vegas y Soleá Morente. Un plantel excepcional para unas conferencias que, culpemos a una insuficiente publicidad o a un alarmante desinterés, no gozó de la asistencia que se esperaba y merecía.

Loquillo. Foto: FGUMA

José María Sanz Beltrán apareció disfrazado de Loquillo. Su relación con Carrillo ha tenido divertidos altibajos, detalle o cotilleo que revelaron a los pocos minutos de iniciarse la contienda. En la entrevista que mantuvieron repasaron una trayectoria ya enorme, colmada de canciones y batallitas de donde el Loco supo, aún lo hace, salir victorioso y crecido. El contraste con la comparecencia de Francisco Contreras, a.k.a. Niño de Elche, fue desmedido. Inmerso aún en los efluvios de su última creación, el monumental Antología del cante flamenco heterodoxo, el exflamenco —así se define en este bendito 2018— nos demostró, o lo intentó con inquebrantable convicción, cómo el cante jondo huye de lo ortodoxo desde sus comienzos. A Val del Omar y su Tríptico elemental de España nos remitió con firmeza.

Tras la encomiable clase magistral sobre composición pop ofrecida por Christina Rosenvinge a las nueve de la mañana, Kiko Veneno apareció con su sombrero roto: así se llamará su próximo disco, que está al nacer, y del que pudimos escuchar un par de prometedoras maquetas durante su intervención. Fresco y locuaz, el de Figueras se mostró caluroso al hablar tanto del legendario Veneno (1977), grabado junto a los hermanos Amador, como de Bon Iver o Kendrick Lamar.

J (Los Planetas). Foto: Málaga de Cultura

J, representante planetario, dialogó con Carrillo sobre Una semana en el motor de un autobús, disco que festeja este año sus dos décadas de existencia. No fue sencilla su grabación. Tras un prometedor arranque con Super 8 y Pop, Los Planetas transitaban por una época de cambios e incertidumbres. El bajo del escocés Kieran Stephen y la contundente batería de Eric Jiménez, que abandonaba Lagartija Nick, se presentaban como flamantes fichajes mientras Florent, ensimismado, recorría los polígonos rodeado de malas compañías. Con el paso de los meses la situación se iría encauzando gracias, fundamentalmente, a la paciencia de un J que se debatía entre seguir tonteando con el abismo o intentar el asalto a una profesionalización que podía acarrear consecuencias fatídicas para el planteamiento artístico del grupo. Una disyuntiva que, unida a las reconocidas adicciones químicas, marcarían un álbum harto problemático en su elaboración que describe con vellos y señales el día a día de un personaje enfrentándose al mundo entre raciones de drogas, tebeos y una importante cuota de ternura.

El jueves 19, Ana Fernández-Villaverde, La Bien Querida, relató con gracia su crónica en esto de la música más o menos independiente. Paseó entre el público su libro de acordes, primorosamente encuadernado, con el que aprendió a tocar la guitarra y en el que destacan bandas como Wilco o Neutral Milk Hotel —¿quién no ha probado a rasguear In the aeroplane over the sea?—. Concluyó repartiendo DVDs de su Premeditación, nocturnidad y alevosía e interpretando Fuerza mayor, pieza delicada y bellísima que brota en la recta final de su trabajo más reciente, Fuego. Luego, Antonio Luque, Sr. Chinarro para los amigos y enemigos, se presentó una vez más lenguaraz, activo y recurrente. Dejando de lado su notable Asunción, editado el pasado mes de abril, el sevillano repasó una carrera cuya mirada anda siempre instalada en menesteres enjundiosos para el ser humano.

Nacho Vegas. Foto: Málaga de Cultura

Nacho Vegas, al igual que Loquillo, ha mantenido rencillas con Santi Carrillo. La última de ellas nos traslada a 2014, cuando el asturiano editó Resituación, su colección de temas más política y reivindicativa hasta aquel momento. A Rockdelux le disgustó enormemente. Parece ser que con su nueva entrega, Violética, ha llegado la reconciliación: este mes, Vegas ocupa la portada de la revista. Antes de sentarse a conversar con Carrillo sobre los kilómetros que median entre su antiguo personaje y los tiempos modernos, saturados de correcciones y aburrimiento, la charla tuvo como protagonista a Violeta Parra, de la que analizó y tocó algunas piezas en acústico.

Con Soleá, para ir cerrando, nos embargó la dicha y el entusiasmo. Natural y agradecida, la mediana de los Morente nos concedió noventa minutos de coloquio en donde hubo espacio para las risas, la emoción y el cante; J, patriarca sin ambages, le acompañó a la guitarra durante unos minutos para regocijo del personal. Recorrimos con ella una andadura en solitario que se inauguró en 2015 con Tendrá que haber un camino y que hace unos meses se prolongaba con Ole lorelei, título que arrima los quejíos flamencos a los escoceses Cocteau Twins. Finalizaba así un curso irrepetible, independientemente de su continuidad, que completó su programación con un concierto de Joe Crepúsculo en el Contenedor Cultural de la UMA.

Joe Crepúsculo. Foto: Málaga de Cultura

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