Junto a la humedad, se percibía en el ambiente el aire de las grandes citas. El mismo que podemos reconocer minutos, horas e incluso días antes de ver y escuchar a figuras esenciales de la música; personajes que contribuyeron, cada uno a su manera, a definir las distintas corrientes estilísticas que surgieron y se desarrollaron a lo largo del siglo pasado. Son palabras grandes y rimbombantes, pero hoy no desentonan: hablamos de Franco Battiato, que inició el pasado jueves 13 de julio en Málaga una gira veraniega por nuestro país que desfilará por el Festival Pirineos Sur de Huesca, las Noches del Botánico madrileñas, La Mar de Músicas de Cartagena, el Festival Castell de Peralada de Girona y A Coruña, donde finalizará el día 24. Todo un referente, experimentador, ¡emblema!, que aterrizaba en la plaza de toros de La Malagueta dentro del Festival Terral.

Fue el propio Battiato quien presentó a su telonero, Juri Camisasca, músico que le acompañó en sus primeras grabaciones de los setenta a la par que registraba el escurridizo La finestra dentro y colaboraba con los inclasificables Telaio Magnetico. Los tres temas que interpretó Camisasca instalaron entre el público una atmósfera sosegante que se mantendría hasta la conquista de las primeras filas por parte de los más desenvueltos en la recta final de la noche. Pero antes, ya decimos, reinó la calma. Battiato se rodea en esta ocasión de dos pianistas en los laterales, Angelo PriviteraCarlo Guaitoli, y el Nuovo Quartetto Italiano a sus espaldas, compuesto por la viola de Demetrio Comuzzi, el violonchelo de Luca Simoncini y los violines de Alessandro Simoncini y Luigi Mazza. Distinguido grupo, sin duda, pese a que en su exquisita y solvente ejecución extravía migajas de espontaneidad y entretenimiento. Peccata minuta. Battiato, sentado la mayor parte del concierto y leyendo las letras de las canciones desde un respetable monitor, comenzó con Stati di gioia y Le sacre sinfonie del tempo, que sirvieron para solventar algún escollo técnico y comprobar el buen provecho que Privitera es capaz de obtener de su teclado y sintetizador.

Aumentó la temperatura corporal y emocional con una conmovedora Fornicazione / No time no space y Un irresistibile richiamo, única composición interpretada en español junto a La stagione dell’amore. Hacia la mitad del repertorio se sitúan versiones de Sergio Endrigo (Te lo leggo negli occhi) y Jacques Brel (La canzone dei vecchi amanti), que dan paso a un imbatible tramo que incluye Prospettiva Nevski, La cura y Summer on a solitary beach. Es aquí donde muchos de los asistentes ocuparon los metros de pista que separan el escenario de las butacas, jaleando a un Battiato que se levantó y caminó tímidamente mientras saludaba, sonreía y escuchaba las peticiones y piropos de los espectadores. La improvisada jarana desembocó en una Voglio vederti danzare, ya en los bises, donde, a raíz de un inocente embrollo de Battiato con el cable de su micrófono, la banda tiró para un lado y el cantante por otro diferente. El público, ya hechizado, continuaba a lo suyo. El siciliano, visiblemente cansado y algo desorientado tras dos horas de concierto, interpretó como pudo la festiva Cuccurucucu, agradeció los aplausos y se marchó sin fuerzas para enfrentarse a un anhelado Centro di gravità permanente. Nos quedamos sin ella y también sin palabras: él las tiene todas.

 

Foto: Francisco J. Fernández.

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