Cuando se editó Charlie Parker with strings a comienzos de los años cincuenta, el recibimiento por parte de la crítica fue tibio. El público, sin embargo, se lanzó a por él desde el primer momento. Parker, gigante del bebop, añadía en esas grabaciones una pequeña orquesta de cuerdas —violines, viola, oboe, arpa, violonchelo— a una formación convencional de jazz para interpretar estándares de la época. Aunque la idea no era nueva, fue de los primeros en llevarla a la práctica. Algún tiempo después, músicos como Clifford Brown, Stan Getz o Wes Montgomery, ya en los sesenta, editaron de forma similar alguno de los discos más recordados de sus respectivas discografías.

El músico Ernesto Aurignac se topó con las partituras del disco de Parker mientras paseaba por Manhattan y las compró. Pasaron los años hasta que hace unos meses pudo interpretar esos temas por primera vez junto a la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Tras los buenos resultados, el próximo objetivo del compositor y saxofonista malagueño era llevar el proyecto de paseo, seguir difundiendo la excelencia de Bird allí donde le dejaran. Y la oportunidad llegó precisamente en Málaga, donde le acompañaría, bajo la dirección musical de Arturo Díez Boscovich, la Orquesta Sinfónica Provincial de la ciudad.

Los días previos al concierto se fueron habilitando más butacas de las previstas inicialmente debido a la fuerte demanda de entradas para un Teatro Cervantes que acarició el lleno. Sobre el escenario, junto a Boscovich, la orquesta y el saxofón alto de Aurignac, se sitúan Juanma Nieto (batería), Dee Jay Foster (contrabajo) y José Carra al piano, todos ellos viejos conocidos de la parroquia malagueña. Y desde el comienzo con Everthing happens to me nos embarga la dicha, sonreímos por todos lados, se derrite algo más allá de los oídos. “¡Joder, qué guay!”, acierta a decir un Aurignac siempre más ducho con su instrumento que tanteando palabras para describir el sentimiento que le produce estar allí. El público aplaude. No tardan en caer East of the sun y Summertime. Poco después, Ernesto cede su micrófono a Foster, que aparca su instrumento para confesarnos que, cada vez que visita la ciudad, pasa por delante de la estatua de Picasso que descansa plácidamente en un banco de la Plaza de la Merced. Luego se vuelve hacia los músicos y, señalándolos, nos recuerda que ellos, Boscovich, Carra y Aurignac, también nacieron en Málaga y son de carne y hueso. Están vivos, aún se resisten al cobre y al mármol. Tocan para nosotros en ese preciso momento.

Hacia el final del concierto priman los achuchones llenos de cariño, encadenando What is this feeling called love, I’m in the mood for love y Easy to love. Terminan oficialmente con Rocker, pero tras la insistencia de la concurrencia vuelven un par de veces al escenario para atacar nuevamente Summertime —ahora menos formal— y finiquitar la noche con Lover man. Encontramos la salida del teatro felices y sin problemas. No fue así para Parker: su búsqueda incesante, retratada en el memorable relato El perseguidor de Julio Cortázar, quedó interrumpida tras sufrir un ataque al corazón en plena carcajada. Tenía 34 años.

El de Ernesto Aurignac y compañía sirve de primer aperitivo a la trigésima edición del Festival Internacional de Jazz de Málaga, que se celebrará en el Teatro Cervantes del 7 al 13 de noviembre con Stanley Clarke, Lee Konitz o The Bad Plus entre los nombres confirmados. El segundo refrigerio llegará el próximo 25 de octubre con el directo, también en el Cervantes, de Chucho Valdés junto al saxofonista Joe Lovano.

Foto: Daniel Pérez.

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