
El ciclo de conciertos Alhautor presenta su sexta edición, que se celebrará del 30 de julio al 2 de agosto con la Finca El Portón de Alhaurín de la Torre. La edición 2025, que volverá a apostar por un formato reducido, diversidad estética y un firme compromiso con la sostenibilidad, contará con las actuaciones de María Terremoto y Lela Soto (30 de julio), Yerai Cortés y Nazzz (31 de julio), Los Estanques & El Canijo de Jerez y Restinga (1 de agosto) y Rufus T. Firefly (2 de agosto). Las entradas para todas las actuaciones están ya a la venta en la web de Alhautor.
Alhautor, un encuentro sostenible
En Alhautor se ha comprometido a promover la conciencia y la responsabilidad sostenible entre todas las personas que colaboran en el ciclo. Busca mejorar la eficiencia en el uso de recursos durante la celebración de los eventos y, en consecuencia, reducir tanto el consumo como los residuos generados. Para ello, se implementan prácticas responsables para evitar el derroche y gestionar adecuadamente los residuos generados, además de establecer medidas de compensación. El objetivo principal de Alhautor es incorporar criterios de sostenibilidad en todas sus citas musicales.
El Portón, un enclave con historia propia
Alhautor no sería lo mismo sin El Portón. Este enclave mágico, que vuelve a acoger el festival gracias a la colaboración del Área de Cultura del Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre, permite disfrutar de encuentros íntimos y exclusivos gracias a un llamativo anfiteatro y unos cuidados jardines. Además, la Finca El Portón posibilita la diferenciación del escenario con la zona de barra, donde se acondicionará una terraza para amenizar la espera y donde poder compartir lo vivido tras las actuaciones.
La finca cuenta con dos siglos de historia propia. Su creación se remonta a las propiedades que la jerarquía eclesiástica recibía como testamento de grandes hacendados. Pasó por diferentes manos, entre ellas las del embajador del Reino Unido en Barbados, John Benet, o las del arzobispo de Granada D. José Moreno Mazón. Incluso se conserva en unos de sus rincones el llamado «banco del arzobispo», donde al clérigo le gustaba leer y meditar hasta que llegó a manos del rico heredero inglés Bryan Hartley Robinson, quien cedió el espacio al ayuntamiento con una única condición: que fuese utilizado para fines sociales o culturales.




































