La pianista georgiana Elisabeth Leonskaja, durante su recital de ayer en la Sala Fundación Unicaja María Cristina. Marco Antonio de la Ossa

El Festival Raíces nace en Málaga con la intención de convertirse en un referente anual para los amantes de la música académica, el patrimonio y la gastronomía. En su primera edición, esta iniciativa reúne entre el 27 de febrero y el 2 de marzo de 2025 a destacados intérpretes de la escena nacional e internacional en espacios de gran valor histórico y artístico. Así, entre las sedes elegidas para esta puesta de largo se cuentan el Monasterio de San Zoilo de Antequera, la Catedral de la Encarnación, la Sala Fundación Unicaja María Cristina, el Auditorio Christie Ruiz-Picasso y la Iglesia del Sagrado Corazón de la capital de la Costa del Sol. Además de su programación musical, el festival integra y desarrolla una propuesta culinaria que reivindica y potencia las tradiciones gastronómicas locales como parte de la experiencia. 

Este nuevo ciclo tiene como director artístico a Antonio Moral (1956), una de las figuras más relevantes de la gestión musical a nivel nacional e internacional de las últimas décadas. No obstante, el de Puebla de Almenara (Cuenca) cuenta con una trayectoria extensa, diversa y muy consolidada al frente de instituciones de primer nivel. Entre ellas, destacan el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), el Festival de Música y Danza de Granada o el Teatro Real de Madrid, entre muchas otros. Conocedor de un amplísimo repertorio de diversas etapas históricas, géneros y estilos, del engranaje y principales representantes de la industria musical y de conjuntos, solistas, directores e intérpretes de todo el mundo, su línea de trabajo ha estado siempre marcada por el equilibrio entre la tradición y la innovación, la amabilidad, la búsqueda de la excelencia artística, la creatividad y la divulgación.

Dentro de Raíces, la pianista Elisabeth Leonskaja (Tiflis, 1945) ofreció un recital en la Sala Fundación Unicaja María Cristina de Málaga en el que destacó por la vitalidad, intensidad, amplitud de matices, musicalidad y lucidez que mostró en el piano a lo largo y ancho de las dos horas de concierto, breve descanso incluido, en las que se mantuvo en el escenario de este bellísimo espacio.  

Reconocida por su profundidad interpretativa, la georgiana se formó en el Conservatorio de Moscú bajo la tutela de Jacob Milstei. Su carrera despegó tras obtener premios en prestigiosos concursos como el Enescu, Marguerite Long y Reina Isabel, entre muchos otros. Su estrecha colaboración con Sviatoslav Richter, que la consideró, en parte, como su heredera artística, marcó su estilo y la consolidó como una intérprete de referencia. Tras emigrar a Viena en la década de 1970, Leonskaja desarrolló una destacada carrera internacional de primer nivel en la que ha actuado con muy diferentes orquestas y directores del mundo y ha protagonizado conciertos solistas en salas de gran relevancia. 

De Viena a París (y viceversa) fue el título de un programa contrastante y exigente en el ámbito técnico y expresivo que reunió música de los siglos XVIII, XIX y XX. La veterana pianista abrió la velada con la Sonata para piano n.º 18 en re mayor, KV 576 (1789), de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), en tres movimientos (Allegro-Adagio-Allegretto). En esta partitura Leonskaja evidenció su técnica, articulación, agilidad y profundo conocimiento y manejo de este repertorio. Después de realizar una breve parada en las Seis pequeñas piezas, op. 19 (1911), de Arnold Schönberg (1874-1955), culminó la primera parte con tres piezas de Frédéric Chopin (1810-1849). De esta forma, interpretó dos de sus más célebres nocturnos, el Nocturno en fa menor, op. 55/1 (1843-44) y el Nocturno en si bemol mayor, op. 27/2 (1836), además de la Polonaise-Fantaisie en la bemol mayor, op. 61 (1845-46). En su ejecución, combinó lirismo, elegancia, majestuosidad, intensidad y capacidad narrativa.

Tras el descanso, realizó una nueva parada en la música del siglo XX con las Variaciones para piano, op. 27 (1936), de Anton Webern (1883-1945). En esta breve y compleja partitura, Leonskaja volvió a evidenciar su dominio de esta estética. Como cierre, trasladó al sonido la Sonata para piano n.º 16 en la menor, op. 42, D 845 (1825), de Franz Schubert (1797-1828). En el primer movimiento (Moderato), exploró los contrastes dramáticos. A continuación, subrayó la expresividad del Andante poco mosso para remarcar la agilidad del Scherzo siguiente y concluir el programa con el virtuoso Rondó final. Como propina y tras la extensa y prolongada ovación del público, efectuó una nueva parada en un conocido nocturno de Chopin con el que, esta vez sí, se despidió del público malagueño. 

Por último, deseamos que este nuevo festival, Raíces, se asiente y desarrolle de forma progresiva en Málaga y provincia. Sin duda, la presencia en la dirección de Antonio Moral, un referente de gran prestigio, experiencia y nivel en el ámbito de la gestión musical, es garantía de calidad, compromiso y trabajo.