Llegó, al fin, una nueva edición del MaF. El concierto inaugural de la antesala del Festival de Málaga, que ofrecerá durante tres semanas 160 actividades culturales vinculadas con la disciplina cinematográfica, se trasladó en esta ocasión a la Sala María Cristina ya que su emplazamiento habitual, la sala principal del Cine Álbeniz, continúa en obras. El menú doble lo protagonizaban Tulsa y Maga, bandas de largo recorrido embutidas en el fatigoso saco del indie, corriente musical, eslogan e infecciosa etiqueta bajo la que se refugian actualmente una cantidad inabarcable de estilos, actitudes y aptitudes. Comenzaron los primeros, rápidamente y sin rodeos, con Miren Iza siempre al frente: abrieron con Atalaya, el tema que cierra su reciente Centauros y que encarna con convicción el camino sonoro emprendido hace unos años; ahora las sacudidas eléctricas se suceden con más frecuencia, la voz se alza sin ataduras, los movimientos son más perseverantes. Y comprobamos con alborozo que entre la maraña instrumental, tejida de forma impecable, se perfilan con facilidad matices y aristas poco acomodaticias.

Destaca junto a Miren la figura de Charlie Bautista, músico de amplia y variopinta trayectoria que se divierte tras la guitarra —admirables sus intervenciones en Verano averno—, el teclado, el acordeón o lo que le pongan por delante; meritoria resultó igualmente su aportación vocal a Pequeñas embestidas, interpretada por Abraham Boba en su versión de estudio. Del anterior trabajo, La calma chicha, sonaron Los amantes del puente —qué precisión a la hora de delinear a ese hombre guapo, amable y fan enfermizo de Cohen—, Gente común y una emotiva Oda al amor efímero ligada ya sin remedio a nuestra ciudad al estar incluida en Los exiliados románticos, película de Jonás Trueba que se alzó con el premio a mejor música en el Festival de Málaga de 2015.

Por su parte, Maga, con un sonido más pedregoso, tuvieron que lidiar durante los primeros temas con una acústica difícil de domar a la hora de conseguir un conveniente entendimiento entre voz y batería. Se centraron en su último disco, Salto horizontal, con el que regresaron a la actualidad la temporada pasada tras más de un lustro sin publicar material inédito. Un par de sorpresas animaron la noche: por un lado, la embarullada participación del malagueño Elphomega en La noria; por otro, la agradecida aparición de Javier Ojeda para cantar Sin aliento, de Danza Invisible, al alimón con Miguel Rivera. Poco después el propio Rivera desenchufaría su guitarra y bajaría al patio de butacas a susurrarnos De plata, canción dedicada a la Cádiz que les vio crecer a lo largo de interminables veranos colmados de sol y mar, elementos presentes con asiduidad en el imaginario del grupo sevillano.

El cierre de la velada reunió sobre el esceario a componentes de ambas formaciones para encarar una particular revisión del Everybody’s talkin’, la celebérrima melodía del filme Cowboy de medianoche compuesta por Fred Neil en 1966 y popularizada en la voz Harry Nilsson. Caía así el telón de la Sala María Cristina y se abría otro, el de un MaF intenso y saltarín que concluirá el jueves 12 de abril con los directos de Ricardo Lezón y Ballena en el Teatro Echegaray.

Foto: Málaga de Cultura.

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