091, durante su actuación. Alberto Fernández-Baca

Sobresaliente acogida de la segunda edición de un Oh, See! que, ampliando su duración y manteniendo la comodidad en el interior del recinto, ha reunido durante los días 13 y 14 de septiembre en el Auditorio Municipal Cortijo de Torres a 14.000 personas, lo que se traduce en un nuevo y rotundo éxito de asistencia de un evento que nacía el pasado año para intentar paliar el déficit de un festival de estas características en una ciudad, conviene recordarlo, alérgica al cultivo de música en vivo, especialmente si dirigimos nuestros pasos hacia su centro histórico y turístico. La Depresión Aislada de Niveles Altos (DANA) quiso unirse al jolgorio tras el primer día y la organización tuvo que lidiar en la madrugada del viernes al sábado con una histórica tormenta: a través de un mensaje en Instagram difundido ya el domingo se nos informó de lo cerca que estuvo la suspensión del festival ante los estragos producidos por el temporal. Pero «el auditorio se convirtió en un intenso centro de operaciones» y finalmente se consiguió arreglar el desaguisado y continuar con la programación. Bravo.

Abrieron fuego el viernes a las seis de la tarde las ocurrentes y verbeneras versiones de Las Chillers, a las que siguieron unos espléndidos Morgan y los revitalizados Despistaos. Por su parte, C. Tangana evidenció los fuegos de artificio que rodean al trap cuando abandona las confortables paredes de un estudio de grabación: los hallazgos del género, que los tiene, quedan suprimidos en directo al pretender hacer creer al personal que lo que allí suena va más allá de un karaoke mal ejecutado apoyado en artimañas a tutiplén. Si de pinchar temas se trata nos quedamos con la loable labor de Nita Dreframe tras los platos en los intervalos entre actuaciones, que se mostró incansable a la hora de mezclar éxitos de ayer y hoy a un volumen, eso sí, ensordecedor. Finiquitaron la jornada unos Sidecars excesivamente respetuosos con el guion y la celebración que supuso una vez más el espectáculo propuesto por La Casa Azul.

El festival arrancó el sábado a las 14:00 horas con los malagueños Ballena —que pronto entregarán su segundo disco— y la electrónica bailable del dúo Delaporte. Airbag ofrecieron su habitual y bendito catálogo de efervescentes píldoras poperas, de las que siguieron repartiendo en grandes dosis poco después Carolina Durante y también Zahara, que encandiló al personal escoltada por una de las bandas más en forma del panorama nacional en la que destacan la guitarra de Manuel Cabezalí y los teclados y sintetizadores de un fabuloso Martí Perarnau. La M.O.D.A. mantuvo en alza el listón mientras nos engullía la noche pese a un intenso y cansino derroche lírico que parece querer esbozar en cada canción, a cada estrofa, el On the road de Kerouac, Las uvas de la ira o, lo que es peor, el mastodóntico En busca del tiempo perdido.

091 impartieron una lección magistral de lo que era, es y será el rocanrol gracias a un temario surtido de clásicos (La torre de la vela, ¿Qué fue del siglo XX?, La vida qué mala es) al que se incorporó el adelanto de su primer disco en veinticinco años, Vengo a terminar lo que empecé, que se publicará el próximo 18 de octubre. Por último, Love of Lesbian y Viva Suecia, pasada la medianoche, cumplieron las elevadas expectativas y cerraron los festejos por todo lo alto: los primeros rememorando con fruición parte de aquel 1999 que tantos parabienes les otorgó; los segundos, confirmando la potente realidad de una formación que en breve lanzará su tercera referencia, El milagro, de la que avanzaron Lo que te mereces y Algunos tenemos fe. Cómo no tenerla, qué menos, en este Oh, See! tan resuelto y ya ineludible.