
El ciclo Aeternum. Músicas sacras del mundo retorna a la agenda malagueña con una propuesta singular para su sexta edición. En ella explora distintas aproximaciones actuales a la espiritualidad en la música, entendida de una manera muy amplia y abierta. Así, el programa de 2026 se estructura en cuatro citas que tendrán lugar en espacios patrimoniales y simbólicos de la ciudad, desde capillas históricas hasta el Cementerio Inglés. Las propuestas performativas transitan entre la experimentación, la música coral y el repertorio religioso académico europeo.
El concierto inaugural, celebrado en la tarde-noche del sábado 21 de marzo, tuvo lugar en la Capilla del colegio Sagrada Familia El Monte, un recinto de dimensiones íntimas y acústica recogida tal vez más adecuada para propuestas vocales. La agrupación protagonista fue el Tete Leal Collective, formación liderada por el saxofonista y compositor malagueño que da nombre al conjunto. Formado en la Banda Miraflores-Gibraljaire y en el Conservatorio Superior de Música de Málaga, Leal ha desarrollado una trayectoria que combina la interpretación jazzística con la creación y la pedagogía. Su actividad se ha extendido también al ámbito institucional y asociativo, ya que es fundador de la Asociación de Jazz de Málaga, y al impulso educativo a través del Centro de Arte y Música Moderna (CAMM). Esta diversidad de intereses se refleja en un proyecto artístico que se mueve con naturalidad entre la improvisación, la composición y la exploración sonora.

El programa que se pudo disfrutar, concebido como un itinerario musical hacia la esencia y la espiritualidad, tuvo como título Omnia sonus. A partir de composiciones originales del propio Leal, el concierto partió de la tradición coral, su respiración colectiva y su dimensión comunitaria, para expandirse hacia una propuesta híbrida en la que convivieron la improvisación, la electrónica, el jazz y la experimentación, con un eje central: todo sonido puede ser vehículo de disfrute y trascendencia cuando se sitúa en un contexto de escucha profunda.
Para este viaje sonoro, el saxofonista se rodeó de un cuarteto instrumental de gran solvencia, que integraron, además del propio Tete Leal, José Carra al teclado, Alejandro Lévar en la electrónica y Ramón López en la percusión. El discurso musical se vio reforzado, además, por la presencia de dos formaciones corales muy arraigadas en la ciudad: el Coro de la Catedral de Málaga y la escolanía Pueri Cantores Málaga, ambas bajo la dirección de Antonio del Pino.
Desde los primeros compases de Omnia solus, el tema que abrió el recital, se percibió la voluntad de construir un paisaje sonoro contemplativo, más cercano a la meditación que al desarrollo formal tradicional. Las intervenciones del saxofón de Leal, de timbre cálido y expresivo, actuaron como hilo conductor entre las diferentes secciones. A su alrededor, el piano de Carra desplegó una escritura flexible, alternando acordes expansivos con pasajes de gran delicadeza, mientras la electrónica de Lévar introducía texturas ambientales que ampliaron el espacio acústico de la capilla.

Especialmente sugerente resultó la interacción entre el conjunto instrumental y las voces corales en Caminante 23, Hip hope y Tema chino. El Coro de la Catedral de Málaga aportó densidad armónica y solemnidad, mientras que Pueri Cantores Málaga añadió una luminosidad tímbrica muy particular en las vocalizaciones que ambas agrupaciones efectuaron. También se hizo partícipe al público en distintas secciones del recital.
En definitiva, el resultado fue una experiencia sonora de una notable coherencia estética en la que la música se convirtió en nexo comunitario. En un festival dedicado a las músicas sacras del mundo, Omnia sonus entendió la espiritualidad desde la reflexión y el disfrute activo.






























