
Dentro de su temporada de abono 24-25, la Orquesta Filarmónica de Málaga ofreció el programa 11 en el Teatro Cervantes el jueves 27 y el viernes 28 de marzo. Acudimos a la primera de estas dos citas con un repertorio que transitó entre España, Polonia y Rusia. En esta ocasión, el maestro canadiense Charles Olivieri-Munroe se puso al frente de una multitudinaria formación para dirigir las tres partituras que firmaron Enrique Granados (1867-1916), Władysław Żeleński (1837-1921) y Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893). Fue despedido entre bravos y con una gran ovación que premió tanto su desempeño como el de la formación en los más de cien minutos en los que se mantuvieron en escena, descanso incluido.
Con una destacada trayectoria internacional, Olivieri-Munroe ha sido reconocido por su talento, carisma y capacidad para conectar tanto con los músicos como con el público. Actualmente es director artístico y principal de la Orquesta Filarmónica de Cracovia, director principal honorario de la Orquesta Filarmónica de Bohemia del Norte y director invitado principal de la Thürringen Philharmonie en Alemania. En este programa demostró su control del sonido orquestal, su atención a los detalles expresivos y una gran diversidad de gestos con brazos, manos y todo el cuerpo.
Tal y como se avisó por megafonía, la agrupación de la capital de la costal del Sol realizó un cambio con respecto al programa, ya que, con acierto, abrió el recital con la propuesta que iba situada en segundo lugar en un primer momento, la obertura En los Tatras, op. 27, de Żeleński. Esta obra fue ejecutada por primera vez por parte de la OFM entre equilibro e intensidad.
A continuación, se pudo disfrutar den una selección de tres de las Danzas Españolas que compuso Enrique Granados: Oriental, Andaluza y Rondalla Aragonesa. Conocidas por su lirismo y su evocación de la música tradicional española, la interpretación de la orquesta remarcó el carácter melódico y rítmico de estas piezas. Así, la expresividad de la cuerda y la calidez de los vientos aportaron el color necesario para invocar la esencia que planteó el de Lérida en estas partituras.
La segunda parte del concierto estuvo dedicada a la Tercera Suite Orquestal en sol mayor, op. 55, de Tchaikovsky. También interpretada por primera vez por la OFM, como pudimos comprobar combina elementos y reflejos del sinfonismo, del ballet y evidencia un subrayado desarrollo tímbrico. Olivieri-Munroe supo mantener la tensión y el balance entre los diferentes movimientos, cambios métricos, dinámicos, secciones orquestales y partes solistas (en este apartado y entre otras intervenciones, destacó el bellísimo sonido del violín). Culminó en un final apoteósico con el vibrante y virtuosístico tema con variaciones que cierra la propuesta.
En definitiva, la Filarmónica de Málaga demostró versatilidad en un programa exigente, contrastante y de notable diversidad estilística bajo la conducción detallista, expresiva y afable de Charles Olivieri-Munroe. Dicho sea de paso, se agradeció la presencia de una partitura creada por un compositor español (ojalá pronto también se pueda disfrutar de una pieza compuesta por una mujer).



































