
El Auditorio Edgar Neville de la capital de la Costa del Sol acogió el viernes 21 de marzo de 2025 el quinto concierto del XIII Ciclo La Filarmónica frente al mar. En esta ocasión, la Orquesta Filarmónica de Málaga estuvo dirigida por la valenciana Beatriz Fernández. Además, como solista participó el joven contrabajista Salvador Martínez, de tan solo quince años, ya que el recital se programó en colaboración con el Concurso Jóvenes Intérpretes Ciudad de Estepona. El programa, centrado en el repertorio italiano del siglo XX, ofreció un interesante contraste entre la modernidad neorromántica de Nino Rota y la recuperación de la tradición renacentista de Ottorino Respighi.
Como pudimos comprobar, Beatriz Fernández es una de las directoras con mayor proyección internacional de su generación. Su talento ha sido reconocido en prestigiosos certámenes, como el Concurso de Dirección ‘La maestra en París’, donde obtuvo el tercer premio, y el Premio ARTE en 2022. Asimismo, ha trabajado con destacadas formaciones como la Orquesta de París, la Tonhalle-Orchester Zürich y la Gürzenich Orchester Köln, entre muchas otras. Actualmente, es miembro del programa de mentoría de la Taki Alsop Conducting Fellowship. En resumen, sigue consolidándose como una lideresa versátil y de gesto claro, envolvente y preciso.
Por su parte y como comentábamos, Salvador Martínez, natural de Benaguasil, ha sido recientemente galardonado con el segundo premio en el Concurso de Jóvenes Intérpretes Ciudad de Estepona 2024. Además, a pesar de su corta edad, ya que cuenta con tan solo quince años, ha recibido galardones y distinciones como el Premio Especial «Andante con moto» de Radio Clásica, el Premio Especial «Fred Friedrich Foundation», el Gran Premio de Nueva York Classical Music Competition, el Primer Premio del Jurado en Vienna Classical Music Academy, el Primer Premio en el Beethoven Young Music Competition y un larguísimo etcétera.

En la primera parte del recital, Salvador Martínez se presentó ante el público del Neville con el Divertimento Concertante para contrabajo y orquesta de Nino Rota (1911-1979), en cuatro movimientos (Allegro, Marcia, Aria. Andante y Finale. Allegro Marcato). El compositor milanés también destacó en el ámbito de la música para cine, ya que firmó, entre muchas otras, la banda sonora de El padrino.
Rota dedicó la partitura que se pudo disfrutar en Málaga, compuesta entre 1967 y 1971, al contrabajista Franco Petracchi (1937). Sin duda, se le puede catalogar, más teniendo en cuenta la interpretación de Salvador Martínez, como una de las más destacadas del repertorio solista para este instrumento. El joven evidenció su dominio del contrabajo gracias a una ejecución equilibrada, brillante y emocionante. Sobresalió en musicalidad, capacidad de comunicación y diálogo con la orquesta, manejo de los golpes de arco, vibrato amplio y preciso, musicalidad, amplitud de matices y un sonido cálido y equilibrado.
La segunda parte estuvo dedicada íntegramente a las Aires y danzas antiguas para laúd de Ottorino Respighi (1879-1936) con la interpretación de la Suite nº 1 (1917) y la Suite nº 2 (1923). Por error u omisión, que todos cometemos y no tiene mayor importancia, en el programa solo se indicaron los tres primeros movimientos de la primera, hecho que tal vez pudo perder un tanto a un público que prácticamente llenó la sala y premió a orquesta y directora al final con una extensa ovación, en parte puesto en pie.
Respigui fue un apasionado de la música antigua italiana. Así, además de componer, se interesó por la edición y arreglos de muy diferentes propuestas musicales provenientes de las épocas renacentista y barroca que trataba de reajustar a la estética de inicios del siglo XX en una línea en parte similar a la que seguía Joaquín Rodrigo en España. Las colecciones que se pudieron escuchar en el Neville por primera vez ejecutadas por la OFM se basan en piezas de los siglos XVI y XVII transcritas, en prácticamente todos los casos, en el siglo XIX por Oscar Chilesotti (1848-1916).
Los movimientos de la Suite nº 1 (1917) interpretados por la Filarmónica de Málaga fueron el Balletto detto «Il Conte Orlando», de Simone Molinaro (c. 1565-1615), la Gagliarda, de Vincenzo Galilei (d. 1591), hermano de Galileo, una Villanella anónima de aire napolitano y el Passa mezzo e Mascherada final a modo de pavana rápida.
Por su parte, las cuatro secciones de la Suite nº 2 (1923), basadas en piezas para laúd, archilaúd y viola, fueron Laura soave: balletto con gagliarda, salterello e canario, de Fabrizio Caroso (ca. 1531-ca. 1605), Danza Rustica, de Jean-Baptiste Besard (c. 1567-c. 1625), Campanae parisiensis (anónima) y Bergamasca, de Gianoncelli Bernardo (fallecido antes de 1650).

Beatriz Fernández mostró sobre la tarima y sin batuta un enfoque sólido, contrastante, enérgico y detallista. También evidenció una articulación clara, un sentido preciso del fraseo y una cuidada atención a los matices dinámicos. En consecuencia, logró extraer de la formación de la Costa del Sol un sonido bien estructurado y pleno en color, vitalidad y variedad tímbrica, impulsada en este sentido por el clave, el arpa, el viento metal, el viento madera, la cuerda (quizá con un exceso de vibrato en algunos instantes que no restan ni un ápice a la calificación final) y la percusión.
En definitiva, la Orquesta Filarmónica de Málaga, dirigida en esta ocasión por Beatriz Fernández y con el joven talento del contrabajista Salvador Jiménez como invitado especial, reafirmó su capacidad de adaptación a repertorios variados y diversos en un concierto, en el que, de nuevo, sobresalieron orquesta, directora y solista.






























