La Orquesta Filarmónica de Málaga, durante el concierto de ayer en el Auditorio Edgar Neville. Marco Antonio de la Ossa

El Auditorio Edgar Neville de la capital de la Costa del Sol volvió a colgar el cartel de “entradas agotadas” en el cuarto programa de la Orquesta Filarmónica de Málaga del XIII Ciclo La Filarmónica frente al mar el viernes 21 de febrero de 2025. Bajo la dirección de Iván Martín (1978), que también actuó como solista en la primera parte, la agrupación ofreció un concierto en dos secciones de dos horas de duración, breve descanso incluido, en el que se disfrutó de partituras de Mozart, Beethoven y Schubert. 

Iván Martín está considerado como uno de los músicos más brillantes de su generación. Su versatilidad interpretativa le han llevado a colaborar con orquestas de muy diferentes lugares del mundo, entre las que cabe citar, entre muchas otras, a la London Philharmonic Orchestra, la Berliner Konzerthausorchester, la Orquesta de París, la Wiener Kammerorchester y la Sinfónica de São Paulo.

La primera parte comenzó con el Concierto n.º 13 para piano y orquesta en do mayor, K. 415, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), en tres movimientos (Allegro-Andante-Allegro), pieza que se interpretaba por primera vez en la historia de la OFM. El canario situó el piano en el centro del semicírculo orquestal y se ubicó de espaldas al público. Con respecto a la cuerda, prefirió emplazar a su izquierda a los violines I y II y dejar a la derecha, por este orden desde el centro, a los violonchelos y las violas. Por su parte, los contrabajos se emplazaron, como es costumbre, detrás en este lado. 

Compuesta en Viena entre 1782 y 1783, esta obra refleja el estilo característico del salzburgués y destaca por su brillantez técnica y su riqueza melódica. Como apuntamos, Martín, al frente de la orquesta desde el piano, ofreció una lectura vibrante y clara en la que despuntó por los cuidados fraseos y una cadencia que combinó virtuosismo y musicalidad. Por su parte, la OFM le acompañó con precisión y equilibrio dibujando una línea ágil y luminosa. 

A continuación, formación y director-pianista trasladaron al sonido el Primer concierto para piano y orquesta en do mayor, op. 1, de Ludwig van Beethoven (1770-1827). Aunque en numeración sea el primero, en realidad es el segundo que escribió el de Bonn, ya que lo revisó en varias ocasiones antes de finalizarlo y estrenarlo él mismo en el teclado en 1795. De nuevo, Iván Martín sobresalió en una interpretación imponente, de sonido intenso y digitación precisa y elegante.

La segunda parte del programa, tal vez un tanto breve en comparación a la primera, mostró la misma disposición orquestal con la supresión lógica del piano. En ella, se pudo disfrutar en mayor medida de la técnica de dirección del de Las Palmas de Gran Canaria. Así, prescindió de la batuta y prefirió no subirse a ninguna tarima en la ejecución de la Octava Sinfonía en si menor, D. 759 ‘Inacabada’ de Franz Schubert (1797/1828). Esta partitura, compuesta en 1822, es una de las propuestas más enigmáticas y bellas del repertorio de la música académica occidental, ya que el vienés solo completó dos de los cuatro movimientos, Allegro moderato y Andante con moto, por motivos que, hoy en día, siguen desconociéndose. 

En la sección inicial, Marín prefirió  subrayar el lirismo, la tensión, las dinámicas, la articulación y la expresividad de una sobresaliente OFM. En la segunda, continuó remarcando la acentuación y el fraseo en una ejecución emocionante y profunda. 

En definitiva, la cuarta cita del XIII Ciclo La Filarmónica frente al mar mostró a un Iván Martín en plena forma tanto como solista en el piano como en la dirección, y a una creciente Orquesta Filarmónica de Málaga. Por último, la presencia de un nutrido grupo de alumnos del Conservatorio Profesional de Música Ángel Barrios de Granada llamó la atención de forma muy positiva: a iniciativa y junto a algunos profesores, se desplazaron un viernes por la tarde a Málaga para disfrutar de este concierto, y regresaron a la ciudad nazarí una vez finalizado el mismo.