C. Tangana, durante su actuación de anoche. Málaga de Cultura

Aunque no era la primera vez que empleaba el término, en su conferencia Juego y teoría del duende, dictada en 1933, Federico García Lorca se detuvo ampliamente sobre un concepto vinculado a la creación e interpretación musical y artística que le debemos: el de duende. El poeta, dramaturgo y músico lo aproximó y diferenció de otras dos concepciones, el ángel y la musa. Para el granadino, el primero «deslumbra, pero vuela sobre la cabeza del hombre, está por encima, derrama su gracia, y el hombre, sin ningún esfuerzo, realiza su obra».

Con respecto a la musa, Lorca indicó que «dicta, y en algunas ocasiones, sopla». En ambos casos vendrían «de fuera: el ángel da luces y la musa da formas». En cambio, el duende «hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre. Y rechazar al ángel y dar un puntapié a la musa». Además, para el de Fuente Vaqueros su llegada y presencia supone «un cambio radical en todas las formas sobre planos viejos, da sensaciones de frescura totalmente inéditas».

Me disculparán este inicio poco habitual en una crónica, crítica o como le quieran llamar de un concierto como el que nos ocupa. Soy un humilde y confeso lorquista y he de reconocer que tanto la conferencia como el término de Federico me vinieron a la mente en el excelente espectáculo que C. Tangana ofreció en un abarrotado Palacio de Deportes José María Martín Carpena de Málaga el sábado 19 de febrero de 2022. Con él, el madrileño daba inicio a su gira mundial Sin cantar ni afinar Tour que le llevará a multitud de escenarios y festivales españoles y americanos. 

Antón Álvarez (Madrid, 1990) ideó y protagonizó una propuesta sonora y audiovisual creativa, creciente, diversa, intensa y de primer orden de cerca de una hora y cuarenta y cinco minutos en los que se aproximó a las músicas populares, la rumba, el flamenco, el Caribe y otros muchos estilos y estéticas. Exhibiendo una subrayada capacidad de seducción y magnetismo, actuó de maestro de ceremonias y logró llevar al éxtasis a un público de más de 10.000 personas, mayoría femenina, que se situaba en mayor medida entre los 25 y 40 años.

Pucho no escatimó en gastos, personal y músicos —más de veinticinco le acompañaron y secundaron en distintos instantes—. Así, dispuso en escena diferentes mesas en las que se ubicaron algunos de sus músicos y sus invitados. Detrás, emplazó la sección de instrumentos de cuerda frotada, viento metal, la percusión, los coros y la electrónica. También contó con grandes pantallas y una multitud de cámaras, grúa incluida, a través de las que se proyectó con estilo cinematográfico el concierto. 

Una marcha procesional de Semana Santa inicia de forma épica el espectáculo tras la aparición del cómico Pablo Ibarburu en pantalla solicitando a los asistentes que no utilizaran flash. Su celebrada grabación El madrileño (Sony Music, 2021) sería el centro conductor de la velada, aunque hubo espacio para muchas más referencias y paradas. Cierto es que el más que mejorable sonido de los primeros temas levantó no pocas dudas iniciales debido a su falta de nitidez y excesiva intensidad. Por fortuna, supieron pronto revertir a la situación y se tornó excelente.

En el comienzo, se suceden distintos intérpretes acompañándole en primer plano. Entre ellos, destacaron Rita Payés en Yelo y Canelita en La culpa. Bobo, Yo era ateo, Nominao y Demasiadas mujeres, con recuerdo al compositor de la marcha El amor con la que se abre la canción, Sergio Larrinaga, fallecido el año pasado, marcaron un comienzo apabullante y rotundo. Toda una declaración de intenciones. 

A continuación, turno para la rumba y el flamenco siguiendo la propuesta que realizó para Tiny Desk de NPR Music. En este marco, Me maten, No estamos locos, Mala, malita, mala, Ingobernable, Los tontos y Alegría de vivir se sucedieron entre la catarsis generalizada. 

El rumbo camina después hacia América con la bossa nova Comerte entera y la salsa en Muriendo de envidia. También repasó, entre la algarabía de los más jóvenes, algunas de sus primeras canciones, como Llorando en la limo o Antes de morirme. Regresó rápido al presente: Tú me dejaste de querer y Suavemente convirtieron el Martín Carpena en una pista de baile de la República Dominicana entre bachata y merengue. No podía marcharse sin prestar un nutrido espacio al flamenco en el fin de fiesta en el que brillaron sus músicos acompañantes. Entre ellos, hay que destacar a Enriquito, un músico de Puertollano y Cuenca que sobresalió con la trompeta, el fliscorno y la guitarra.  

Mucho más podríamos decir sobre el concierto. Se atribuyó de forma errónea al New York Times una frase que nunca se dijo sobre una actuación de Lola Flores, que la jerezana aprovechó de forma inteligente: «ni canta ni baila, pero no se la pierdan». C. Tangana la recogió para nombrar con buen humor su gira. Y así es: no canta ni baila bien, ni afina en ocasiones, aunque sería un error enorme no acudir y disfrutar en vivo de este directo. 

«¿Cuál e’ la maña/sin cantar ni afinar/pa’ que me escuche to’a España?», se pregunta el propio Pucho en su canción Un veneno. La respuesta que él mismo aporta en este tema poco después parece aludir al concepto de Federico García Lorca al que nos referíamos en el inicio: «es un veneno que llevo dentro/en la sangre metido/que va a hacer que me mate/sin que me hayas siquiera querido». C. Tangana, juego y teoría del duende.