
En esta vida líquida en la que intentamos desenvolvernos desde hace unas décadas, si atendemos al concepto acuñado por el polaco Zygmunt Bauman, los artistas de diferentes disciplinas que rechazan adscribirse a una única corriente estilística son legión: nadie quiere ya encajonarse. Aun así, nosotros, cabezones, nos empeñamos en encasillar hasta lo inclasificable. Y a Chano Domínguez y Diego Amador toca colocarlos bajo la etiqueta del jazz-flamenco pese a que ambos se consideran músicos abiertos y eclécticos, inquietos y rebeldes. Traviesos. En cualquier caso, es innegable que los dos, al igual que el recientemente fallecido Pedro Iturralde, arriman la improvisación al quejío y viceversa, combinando dos géneros que tras la fusión conservan un alto grado de pureza bajo el nuevo cuerpo: llámenlo como quieran, que mascullaría Miles Davis.
Quedó demostrado en el concierto que ofrecieron anoche en el Teatro Cervantes, donde Chano y Diego, Diego y Chano, repasaron piezas de sus respectivos repertorios entre versiones e improvisaciones que ejemplificaron la extensa ampliación del campo de batalla y divertimento que sugiere y plantea siempre el jazz. Reforzados por la percusión del hijo de Amador, de título homónimo, el dúo revolcó bulerías, soleas o alegrías desde una libérrima óptica jazzística respaldada en todo momento, huelga decirlo, por una ejecución límpida, precisa y profusa en matices. Hubo espacio también para recogimientos individuales, aquí con más contención, y para la voz de Diego Amador, que acomodó algunas estrofas —un par de ellas por rondeñas, cante anterior al propio flamenco— al rico océano que pintan y surcan dos creadores en búsqueda incesante.
|
Antes del recital, Chano Domínguez recibió de manos de Alicia Tamariz el Premio Cifu, instaurado hace cuatro años para homenajear tanto al carismático comunicador radiofónico y televisivo Juan Claudio Cifuentes como a la figura más señera del Festival Internacional de Jazz de Málaga. No es el único galardón del año para el gaditano: en octubre se alzaba con el Premio Nacional de Músicas Actuales que concede anualmente el Ministerio de Cultura y Deporte por su «estilo muy personal y su larga trayectoria de cuatro décadas dedicadas a la música como compositor, intérprete y arreglista», que lo han llevado a ser «uno de los más grandes representantes del jazz-flamenco». Además, el pianista obtuvo también el reconocimiento del Donostiako Jazzaldia el pasado verano. |



































