Reseña – Oh, vino! (Teatro Echegaray, 20/12/18)

David García-Intriago durante la representación. La Líquida

Las instrucciones para sumergirse en Oh, vino! son similares a las que deberíamos seguir si dedicamos un par de horas a revisar Entre copas, aquella simpática y entrañable película dirigida por Alexander Payne y protagonizada por Paul Giamatti: tengan el caldo a mano, ya sea tinto, blanco o rosado. Lo agradecerán. David García-Intriago escribe, dirige e interpreta un texto vinícola que nace en la Edad de Piedra y viaja hasta nuestros días a través de las andanzas de Baco, Noé —que, según el Génesis, comenzó a labrar la tierra, plantó una viña y se embriagó felizmente— o los benedictinos, que «atendiendo a la debilidad de los flacos» aconsejaban a los monjes de su Orden pimplarse una hemina de vino al día; es decir, algo más de dieciocho litros.

Ayer en el Echegaray no hubo, lástima, oportunidad de acompañar la representación con una copa, pero poco importó: la total interacción de un sensacional García-Intriago con el público consiguió arrinconar la sed y proporcionar, ahí entre las butacas, algunos de los mejores momentos de un montaje que rinde homenaje, con lozanía e inteligencia, al teatro, a la cultura. Habrá comida, bebida y más carcajadas, está prometido, en Hambre, espectáculo de la misma compañía, La Líquida (también con García-Intriago), que podrá degustarse del 11 de enero al 10 de febrero en el Museo del Vino dentro de la programación del 36 Festival de Teatro de Málaga. Oh, vino!, por su parte, circulará por la cartelera del Cánovas entre el 28 de febrero y el 29 de marzo. ¡Salud!

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