“Estoy convencida de que se trata del gran texto teatral del siglo XXI”. La frase la pronunció Núria Espert en una entrevista concedida a Málaga Hoy para referirse a Incendios, de Wajdi Mouawad, que se pudo ver en el Teatro Cervantes hace unos días. No es nuevo el interés por la obra de Mouawad. Ya en 2010, la adaptación cinematográfica dirigida por Denis Villeneuve obtuvo numerosos reconocimientos, entre ellos la de ser nominada a mejor película de habla no inglesa en los Oscars. Mario Gas es el encargado de este nuevo montaje, que cuenta con ocho actores para interpretar a veintitrés personajes: Laia Marull, Ramón Barea, Álex García, Carlota Olcina, Alberto Iglesias, Edu Soto y Lucía Barrado, además de una Núria Espert que a sus 81 años recibía el pasado mes de octubre el premio Princesa de Asturias de las Artes, penúltimo galardón otorgado a una actriz que, recordemos, debutó sobre los escenarios en 1950.

Wajdi Mouawad nació en Beirut en 1968. La Guerra del Líbano obligó a su familia a escapar hacia París en 1977, desde donde saldrían rumbo a Quebec cinco años después, ciudad en la que se establecerían definitivamente. No es un capricho el introducir aquí someramente estos datos, ya que Incendios nace de las secuelas de un conflicto que arrastró a un joven Mouawad de tan solo ocho años a presenciar, entre otras atrocidades, como un autobús repleto de refugiados palestinos era acribillado por las milicias cristianas. El texto de Mouawad nos presenta a Jeanne y Simon Marwan, dos gemelos canadienses cuya madre, tras pasar el último lustro sin hablar, acaba de fallecer. Ambos serán citados para escuchar el testamento y recibir un par de sobres con inesperadas instrucciones a seguir. A partir de ahí se desencadena un amargo y sorprendente viaje que se desarrolla de forma paralela a las vivencias y recuerdos de una joven Nawal, madre de los hermanos, en constante búsqueda. Y es conveniente detenernos aquí, no indagar mucho más allá, ya que Incendios basa gran parte de su potencial y fama en una inolvidable —a la par que arriesgada, tal vez discutible— parte final.

La repercusión de Incendios está justificada. Nos hallamos ante una historia vibrante, osada, dinámica. Sus tres horas de duración apenas resultan molestas para el espectador. Es justo destacar el trabajo de Laia Marull, que sostiene la función de forma admirable e incansable. También el de Edu Soto, inesperado protagonista en el desenlace de la obra, y de Núria Espert, claro está, cuyas apariciones resultan concisas y memorables. Las notables aportaciones de Ramón Barea, la sobriedad de Álex García y Carlota Olcina o la frescura que inyectan Lucía Barrado y Alberto Iglesias completan un plantel espléndido.

Incendios se volverá a representar del 21 de junio al 16 de julio de 2017 en el Teatro de La Abadía de Madrid.

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