El maestro Conrad van Alphen dirige a la OFM durante el concierto de anoche en el Teatro Cervantes. Orquesta Filarmónica de Málaga

El cuarto programa de abono de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) en el Teatro Cervantes invitó al público a un viaje sonoro protagonizado por el timbre, el ritmo, la música académica del siglo XXI y la plenitud romántica el jueves 13 de noviembre de 2025. Bajo la dirección del maestro Conrad van Alphen y con la participación solista del percusionista Anton Ždanovič y el organista malagueño Antonio del Pino, la velada combinó una vibrante composición para percusión y orquesta con el esplendor y la majestuosidad sinfónica decimonónica de Camille Saint-Saëns.

Con respecto al director de origen sudafricano invitado para las veladas del jueves 13 y el viernes 14 de noviembre, el anteriormente citado Conrad van Alphen, es una figura muy reconocida en el panorama internacional. Entre muchas otras, ha dirigido formaciones como la Orquesta Sinfónica de Montreal, la Orquesta Nacional de Rusia, la Filarmónica de Bruselas o la del Gran Teatre del Liceu. 

La primera mitad del concierto estuvo dedicada a una sorprendente y vibrante Frozen in Time (Congelado en el tiempo), de Avner Dorman (1975), partitura que la OFM interpretaba por primera vez. Escrita originalmente para el virtuoso Martin Grubinger en 2007, esta pieza plantea un diálogo entre la percusión y la orquesta que recrea, según el propio autor, distintas instantáneas sonoras de la evolución geológica del planeta.

Foto: Orquesta Filarmónica de Málaga

Como solista y como se ha mencionado, se pudo disfrutar de las evoluciones de Anton Ždanovič, uno de los percusionistas más innovadores de su generación. Ganador de múltiples concursos internacionales en Europa y Asia, ha actuado, entre muchas otras formaciones, con la Filarmónica de Praga, la Sinfónica Nacional Checa o la Filarmónica de Moscú.

Ždanovič evidenció su técnica, virtuosismo y expresividad en el Cervantes. A lo largo de los tres movimientos —Indoafricano, Eurasiático y Américo— exploró una gran cantidad de timbres, texturas y dinámicas y recorrió un buen número de instrumentos en un recorrido que invitó a los asistentes a distintas etapas de la Tierra. Como premio a la ovación del público, sobresalió de nuevo al interpretar como propina un arreglo propio de Asturias, de Isaac Albéniz (1860-1909). 

En la segunda parte, la Orquesta Filarmónica de Málaga abordó la monumental y exigente Sinfonía n.º 3 en do menor, op. 78 (Sinfonía con órgano) de Camille Saint-Saëns (1835-1921). Estrenada en Londres en 1886, dedicada posteriormente a la memoria de Franz Liszt (1811-1886) y considerada una de las cimas del sinfonismo francés, la partitura resume la madurez artística de su autor gracias a la grandiosidad del planteamiento orquestal, la incorporación del órgano como elemento simbólico y espiritual en calidad de solista y un discurso musical que transita entre la trascendencia y la melancolía.

Foto: Orquesta Filarmónica de Málaga

El musicólogo y organista Antonio del Pino, en un subrayado diálogo con la agrupación costasoleña, ofreció un sonido nítido y solemne, pleno en matices. Su intervención en los acordes del Maestoso fue especialmente notable, ya que su instrumento, lejos de imponerse, se fundió con la orquesta en un equilibrio de colores y proporciones. Por su parte, Van Alphen optó por una lectura sólida, detallista y equilibrada. Mientras, la OFM actuó con brillantez, calidez, potencia y precisión. 

En definitiva, la Orquesta Filarmónica de Málaga, conducida por Conrad van Alphen, ofreció un programa muy completo en el que combinó música del siglo XXI y propuestas del siglo XXI con minuciosidad, intensidad y sensibilidad junto a unos sobresalientes Anton Ždanovič a la percusión y Antonio del Pino al órgano.