El grupo, en un momento de la actuación. Alberto Fernández-Baca

Al igual que ya ocurriera con discos como Su o el ahora incontestable Omega que grabaron a mediados de los noventa junto a Enrique Morente, la última publicación hasta la fecha de Lagartija Nick, Los cielos cabizbajos, obtendrá una mayor visibilidad y reconocimiento en décadas venideras: sucede a veces con las obras mayúsculas. Y esta lo es. En ella se recoge el legado del periodista, escritor y músico Jesús Arias, artista total fallecido en 2015 a los 52 años cuando trabajaba en un «poema sinfónico, desbordante, creativo y analítico que rinde homenaje a aquellas ciudades devastadas desde el cielo por el odio y el salvajismo más desolador». Antonio Arias, con la asistencia del pianista David Montañés y el resto de componentes de Lagartija Nick, estudió y desarrolló durante un lustro la labor inacabada de su hermano, encomiable tarea cristalizada el pasado año en un álbum que comienza su andadura manchado de sangre pero que, abrazado a las víctimas, consigue plantar la bandera del afecto y la compasión entre tanta barbarie.

Y aunque estos cielos tristones se alzaron protagonistas en la actuación que la banda granadina ofreció ayer en el patio del Palacio de la Aduana dentro del ciclo Música y Museos, el repertorio, centrado en su mayoría en el aquí y ahora, también picoteó de una producción discográfica que roza ya las tres décadas desde que colocara su primera piedra en el camino; un periplo en donde el grupo, a través de sus diferentes formaciones, ha transitado por el punk, el rock, el pop o la mecánica mística y electrónica del experimental Val del Omar (1998).

La feliz comparecencia de Antonio Arias (voz y bajo), Juan Codorniú (guitarra), Mar Pareja (guitarra), Eric Jiménez (batería) y JJ Machuca (teclados) se saldó con la interpretación de casi una veintena de temas en donde primó una estimulante y, a ratos, anfetamínica electricidad. Buenos días Hiroshima, Europa Ío, Acción reacción, Sarajevo o Somalia, piezas que ponen de manifiesto el carácter netamente emocional del reciente material, se acompañaron anoche de una notable representación de Crimen, sabotaje y creación —disco que pasó, claro, prácticamente inadvertido tras su edición en 2017— compuesta por Mapa de Canadá, Agonía, agonía, El teatro bajo la arena, Europa, EuropaExilio y La leyenda de los Hermanos Quero, narración que evoca a los cuatro guerrilleros granadinos que tuvieron en jaque a las autoridades de la ciudad a lo largo de los años cuarenta operando desde el Albaicín y el Sacromonte.

El temario de la noche se completó con Satélite, Estratosfera, Nuevo HarlemStrummer / Lorca —relato que da cuenta de la expedición que el carismático líder de los Clash emprendió junto a Jesús Arias con el propósito de localizar los restos del poeta en Víznar— y una Ciudad sin sueño que anticipa los festejos por el cuarto de siglo que cumplirá Omega la próxima temporada; sin Morente, lástima, pero con unos Lagartija Nick aún retumbantes en pleno siglo veintiuno.