Nuria Guevara, en una imagen promocional.

Nuria Guevara nació en Madrid, pero desde los diez años reside en Fuengirola. Ya de pequeña, nos comenta, escribía cuentos y se acercaba a la biblioteca todas las semanas a sacar libros. Ahora que somos bruma, su primera publicación, fue premiada el año pasado en el Certamen Literario Ciudad de Fuengirola dentro de la categoría de Jóvenes Literarios. La obra nació «del amor a las letras y a las pasiones humanas», primero en forma de diario para luego, con el paso del tiempo, terminar convirtiéndose en un volumen que aúna microrrelatos, poesía y diversos textos que relatan un «amor a destiempo». Pasen y lean.

¿Qué le lleva a escribir el libro?

El desamor. Tan directo, tan frío y tan descarnado como eso. Este libro comenzó siendo una especie de “diario”, escritura terapéutica que luego tomó forma. Después, empecé a darme cuenta de lo importante que es verbalizar algunos sentimientos, y este libro es un compendio de todo aquello que no nos atrevemos a decir cuando sufrimos por miedo a que nos tilden de locos.

¿Tenía claro desde el principio la estructura del libro?

Desde que empecé a ver que podía componer esas piezas rotas que son cada texto como un cuaderno de bitácora de los corazones rotos, supe que debía ser así. El texto está tan cargado de ira, de rabia, de dolor… que necesita un componente estético que juegue con la belleza como cartel de fondo. En cuanto a los textos, es algo que va íntimamente ligado al sentimiento en cuestión: hay días que tienes mil cosas que decir, y otros en los que una sola frase basta para expresarlo todo.

Su obra trata, como el 99% de las canciones, de amor (según las estadísticas). Dentro de esa etiqueta, ¿en qué categoría cree que encajaría mejor?

¿Desamor Bukowskiano? (risas). No sabría decirlo. Me gustan los textos desnudos, crudos, que incomodan porque no es lo socialmente aceptado, y creo que Ahora que somos bruma tiene mucho de ello; no es un libro al uso. Me gusta lo que nos hace decir «este autor está loco», pero en el fondo de nuestras almas sabemos que nos hemos sentido así alguna vez; y creo que aún no hemos construido como sociedad una categoría para ello, porque es mejor ignorarlo o no ahondar en esas letras. ¿Qué categoría dirías tú?

En cualquier caso, parece un amor no consumado. O no del todo: «Te perdí sin haberte tenido, porque no quisiste cuando yo quería», leemos en uno de los textos.

Digamos que fue un amor a destiempo. Nuestros sentimientos, nuestras ideas… Siempre van por delante de nuestros huesos, y por mucho que nos emperremos, cuando no es el momento no es el momento. Y eso solo lleva al dolor.

En ese sentido, es un libro valiente: no se habla de un triunfo, sino más bien de un amor no correspondido.

Es lo que te comentaba antes… estoy cansada de historias de amor que acaban bien. No es real. En la vida no te cruzas con el chico guapo del instituto, se os caen los libros y os enamoráis mientras vuestras manos se rozan. No. En la vida te enamoras de quien no debes, y somos cobardes. Salimos corriendo cuando empezamos a sentir porque es más fácil que pararnos a pensar qué carajo es eso que estamos sintiendo. Frases como «llegaste como un huracán a mi vida» han cambiado su significado positivo por uno aterrador; nos encanta ser cobardes, y por eso creo que libros así son necesarios; para plantarse delante del cobarde y decirle: «Mira lo que te has perdido por andar en tu zona de confort». Con este libro quiero gritar «eh, no estás solo, a mí también me han roto el corazón» a quienes no se ven identificados con este concepto de romanticismo positivista que nos venden ahora. Y si no me crees, compara el cuento de La sirenita original con el que nos vende Disney.

Hacia el final del libro parece que «la tristeza va dejando paso, poco a poco, a la ira». Poco después, arremete: «Si tuviera que describirte con una palabra sería cobarde». Pero lo cierto es que esos momentos de rabia, de cabreo, no son los predominantes a lo largo de la lectura.

No, y eso es algo que tenía claro desde el principio. Quería reflejar cómo, en algunos momentos, la ira te lleva a insultar, despreciar, ignorar… Pero eso no significa que el cariño desaparezca bajo todo eso. Cuando quieres a alguien, le quieres con su parte buena y su parte mala, y el amor no desaparece, solo cambia; nunca querrás que le pase nada malo a esa persona si es verdadero amor. Somos contradicción, y este es el ejemplo más claro de ello.

¿Por qué aparecen, sobre todo al comienzo del libro, palabras resaltadas en negrita como ausencia, paciencia, espera, hiel, olvido, dolor, castigo, difícil, imposibles, sacrificio o veneno?

Quería potenciar la importancia de esos sentimientos, que el lector pensase en esas palabras mientras leía el texto. Esto fue idea de uno de mis mejores amigos (un saludo, Pedro) y creo que quedó muy bien. Al final, si las unes todas, puedes tener un microrrelato compuesto solo de palabras que son el libro en sí mismo. El hecho de que, conforme avanza el libro, cada vez sean menos, es un reflejo de cómo esos sentimientos van disminuyendo, intentando difuminarse; y los silencios entre palabras se hacen más amplios.

Se hace referencia a una canción de Vetusta Morla con la frase «dejarse llevar suena demasiado bien». ¿Cree que en el amor es necesario a veces hacer eso, dejarse llevar?

Enamorarse hoy día es una locura en sí misma. Y dentro de esta locura, debemos pensar menos y actuar más. Si hay amor, ¿qué es lo peor que te puede pasar? Eso sí, que las locuras vengan de ambas partes, o acabarás escribiendo un libro sobre ello.

Decía Miguel Delibes en una de sus novelas que los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales. No es este exactamente el caso, pero lo cierto es que es complicado no sentirse atraído por esa otra persona ausente pero, al mismo tiempo, constantemente presente.

Esa ha sido mi pequeña vendetta: él forma parte del libro, incluso puede llamar la atención (sobre todo, quizá para conocer su versión de la historia), pero no le permito ser más allá de una sombra, un personaje atrapado en unas páginas. Está justo en el sitio que él decidió colocarse en esta historia, tras la bruma. Pero qué te voy a decir, si yo fui la primera en sentirme atraída por él (risas).

Los textos están acompañados de fotos e ilustraciones, o fotos convertidas en ilustraciones, en pinturas. ¿Son suyas? 

Las fotografías (normales y las convertidas en pinturas) sí lo son, las ilustraciones son imágenes libres de derechos modificadas según consideraba que debían aparecer. Son importantes porque también cuentan una historia, y tienen mucha relación con los textos que acompañan (si bien es cierto que para eso hay que hilar demasiado fino). Como te comentaba antes, son importantes porque son parte de la historia y porque aligeran la carga de los textos.

Fuengirola también tiene un peso importante en el libro.

Sí, es el lugar donde transcurre todo. Una forma de contextualizar sin hacerlo directamente. También quería enseñar a quien quiera ver mi libro lo bonita que es mi ciudad, y la de rincones desconocidos que tiene (más de un fuengiroleño no ha sido capaz de decirme a qué calle pertenecen algunas fotos). Quería enseñar que Fuengirola tiene mucho más escondido de lo que se muestra, como los sentimientos que pueden palparse en la obra.

¿Cuál es su relación con la literatura?

Me encanta leer. Desde pequeña, tengo imágenes borrosas (el tiempo hace estragos) de mí yendo a la biblioteca todas las semanas a sacar libros, de escribir cuentos con cinco o seis años… Es una vieja amiga que espero me acompañe toda la vida, a pesar de que, por culpa del trabajo, a veces la deje un poco de lado. Leer y escribir han sido siempre mi razón de ser.

¿Algunas lecturas recomendadas?

Soy una lectora un poco ecléctica, pero allá va: cualquier obra de Almudena Grandes (novela) y de Ian Gibson (historia). Y, por supuesto, recomendar a uno de los últimos autores que he descubierto: Javier Castillo, que, casualmente y con nada de intención por mi parte, también es fuengiroleño.

Al final promete «no escribir más pensando en ti». ¿Lo está cumpliendo? ¿Tiene en mente, o ya en papel, otros textos preparados?

A veces me he hecho trampas al solitario, no te voy a engañar… Pero han sido pocas. Esa promesa es como la del exfumador que, de vez en cuando, peca. Pero nada importante. Ahora mismo estoy escribiendo dos libros más: uno con un corte similar a Ahora que somos bruma, pero centrado en correspondencia sin respuesta; y una novela sobre un hombre que queda en coma por un accidente y a quien acude a ver una mujer de su pasado con mucho que contarle… Ojalá sean del agrado de los lectores.