Williams cuenta y dibuja aquí la vida (también la nuestra) de forma similar a como Chômei la describió desde su cabaña: incesante y cambiante como la piel del río. Y lo hace siempre con prosa despejada y pasmosa brillantez, conformando por el camino nuevos episodios que engrosan la biografía de un Stoner, acorralado por estrictos códigos morales, al que «se le concedió la sabiduría y al cabo de los años encontró ignorancia»






































