Una imagen del concierto sinfónico que el Teatro Soho CaixaBank acogió el pasado viernes. Marco Antonio de la Ossa

El Teatro del Soho CaixaBank volvió a abrir las puertas en la tarde del viernes 20 y en la mañana del sábado 21 de marzo de 2026 a la música vinculada a la Semana Santa en su ya tradicional Concierto de Cuaresma. Sin duda, esta cita se ha consolidado por méritos propios en la agenda cultural malagueña al tender un puente entre la tradición cofrade, el espectáculo sinfónico, la proyección de imágenes y el disfrute de nuevas propuestas. Bajo la dirección musical de Arturo Díez Boscovich y la dirección artística de Antonio Banderas, también autor de una de las piezas que se escucharon (incluso, se subió a la tarima de director para conducirla evidenciando un nuevo perfil en una personalidad artística poliédrica), la Orquesta Sinfónica Larios Pop del Soho ofreció un recorrido por algunas de las marchas procesionales más emblemáticas del repertorio. También se pudo disfrutar del cantaor Arcángel en una aportación estelar y de enorme belleza en la célebre Saeta de Serrat y Antonio Machado junto a la formación y otra en solitario, y del Orfeón Universitario de Málaga como cierre del recital. 

Tras la presentación simpática y afable del propio Banderas, el programa se abrió con la solemne Procesión a la catedral de Lohengrin de Richard Wagner (1813-1883). Esta elección se puede entender desde el punto de vista simbólico y también desde el revelador, ya que la partitura posee una profunda resonancia ceremonial y funciona como una suerte de preludio litúrgico que conecta la tradición sinfónica europea con el carácter ritual y popular de estas manifestaciones. La orquesta respondió con una sonoridad sólida e intensa. Destacó especialmente la sección de viento metal y el cierre con los hermanos Banderas a las campanas para marcar el inicio de la Semana Santa.  

A partir de ahí, el recorrido se adentró en el corazón de la música procesional gracias a piezas como Procesión de Semana Santa en Sevilla de Pascual Marquina, presentada en una orquestación de Antonio J. Floresrata, ampliando el carácter originalmente para banda hacia una dimensión sinfónica más amplia y diversa tímbricamente. Junto a ella sonaron marchas arraigadas en el imaginario cofrade como Jesús de Pasión de Pedro Braña Martínez o Candelaria de Manuel Marvizón, esta última en arreglo sinfónico de Toni Mairata, uno de los nombres más presentes en la adaptación de este repertorio para orquesta en esta cita. 

En este sentido, la labor de Arturo Díez Boscovich resultó determinante a la hora de otorgar coherencia global al programa. El malagueño es un director con una sólida trayectoria en el ámbito sinfónico y de música escénica, entre muchos otros. Como venimos comprobando de un tiempo a esta parte, su trabajo al frente de la Orquesta Larios Pop evidencia una sobresaliente capacidad para integrar repertorios diversos dentro de un mismo discurso sin perder en ninguna de las vertientes interés, rigor o adecuación. Su gesto, claro y eficaz, favoreció la precisión en las entradas de las distintas familias orquestales y solistas, algunas de ellas de notable complejidad, y el equilibrio entre secciones. En global, su labor permitió que la propuesta mantuviera una progresión dinámica bien articulada. Además, demostró una comprensión profunda del carácter de la marcha procesional al evitar excesos retóricos y apostar por tempi que permitían marcar las melodías y el juego tímbrico sin perder su carácter solemne.

El bloque patrimonial incorporó el Benigne fac domine del compositor malagueño Eduardo Ocón, presentado aquí en una adaptación orquestal de Toni Mairata. La inclusión de esta partitura aportó un significativo vínculo con la tradición musical de la ciudad, ya que remarcó y recordó la relevancia de este creador en la vida musical malagueña del siglo XIX.

La parte central del concierto reunió diversas marchas actuales que evidenciaron la vitalidad del género: Flor de san Julián, de Miguel Pérez, presente en la sala, en orquestación del propio Arturo Díez Boscovich, junto a Concepción Inmaculada, de Juan Antonio Pedrosa, Madrugá de canela y clavo, de Juan Manuel Velázquez Ruiz, Reina de san Román, de Ginés Sánchez, y Virgen de las Aguas, de Santiago Ramos Castro, todas ellas en arreglos sinfónicos del anteriormente citado Toni Mairata. En este bloque, la Sinfónica Larios Pop mostró la capacidad del repertorio cofrade para seguir evolucionando y dialogando con el lenguaje académico. Entre estas piezas también se incluyó El novio de la muerte, de Juan Costa Casal.

Uno de los momentos más intensos y espectaculares de la noche llegó con la intervención del cantaor Arcángel. Su interpretación de una saeta generó uno de esos silencios activos que solo aparecen cuando la emoción, el virtuosismo, la musicalidad, la profundidad y la esencia se combinan. Su maravillosa voz, de timbre agudo, claro y penetrante, combina la tradición flamenca de Huelva con una notable capacidad de proyección y control técnico. Su emisión y respiración, limpia y profunda, una afinación muy precisa, su manejo de los melismas y los giros ornamentales de este estilo, uno de los más complejos, construyeron un discurso que osciló entre la contención y la explosión emocional en registros que muy pocos cantaores pueden alcanzar. Además, su interpretación sobresalió por la tensión dramática y la profundidad expresiva que imprimió a una aportación capaz de generar un silencio expectante en la sala, levantar los oles y de transformar el espacio escénico en un instante de recogimiento casi litúrgico, cerrado con una ovación de lujo. 

Posteriormente y junto con la orquesta, Arcángel abordó La saeta, esa maravillosa propuesta que Joan Manuel Serrat firmó partiendo del poema de Antonio Machado (Campos de Castilla, 1912) en el también sobresaliente disco Dedicado a Antonio Machado, poeta (Novola, 1969). Si el original destacó por la orquestación y el arreglo de Ricard Miralles, el trabajo de Azael Tormo Muñoz que se disfrutó en el Soho no quedó atrás con un Arcángel sobresaliente que paró el tiempo. 

En la recta final, la inclusión de Cofrade del Mayor Dolor, compuesta por Antonio Banderas, orquestada por Arturo Díez Boscovich y dirigida por el primero, dotó de un valor simbólico al concierto y al proyecto cultural del Teatro del Soho. La partitura se emplaza dentro de los códigos reconocibles de la marcha procesional actual, con una línea melódica clara y evocadora. Más allá de su estructura musical, la pieza funciona como una declaración de intenciones en el sentido de integrar la tradición cofrade en la avanzada cultural que Banderas ha impulsado en su ciudad natal. Lo del malagueño no deja de sorprender, ya que, como indicamos, suma un nuevo perfil, el de compositor y el de director a los talentos que evidencia. Indicó también con buen humor que estaba aquejado de un dolor de espalda quizá fruto de la tensión de coger la batuta y del deseo de que la cita se desarrollara de la mejor manera, como así fue. 

El cierre llegó con Réquiem. Adagio de Pasión, de Bienvenido Puelles, en arreglo de Toni Mairata, y Stella nostra de Miguel Pérez, dirigida por este compositor y nuevamente orquestada por Díez Boscovich. Por último, el Orfeón Universitario de Málaga se sumó a la formación instrumental para interpretar Gaudeamus igitur en arreglo del propio director musical, himno habitual de Estudiantes en la Semana Santa malagueña y del mundo universitario en general. El coro, bien empastado y con una proyección intensa y equilibrada, aportó un final académico y solemne que reforzó el carácter colectivo y celebratorio del evento.

Además, la integración de imágenes de la Semana Santa y el diseño de iluminación de Rafael García completaron una propuesta escénica que trasladó al patio de butacas del Soho la emoción visual de las procesiones. 

En definitiva, este Concierto de Cuaresma con la Sinfónica Pop del Soho, Arturo Díez Boscovich y Antonio Banderas confirma su consolidación como una cita ya imprescindible en la programación cultural de Málaga. Desde el corazón del Soho malagueño, la propuesta logró tender un puente entre emoción, espectáculo, tradición y nuevas aportaciones. Sirvió con creces para preceder con altura y con un Arcángel pleno en talento, sentido y musicalidad, la llegada de una de las celebraciones más profundamente arraigadas en la identidad de la ciudad. Como propuestas de ampliación y sin restar ni un ápice a la excelente calificación, quizá se podría incluir el nombre de la pieza musical, el compositor y el arreglista en pantalla al inicio de su ejecución para, así, acercarlas en cada momento al público que llenó la sala en ambas jornadas. También se podría incluir en el programa alguna propuesta firmada por alguna mujer o realizar un recital para estudiantes de colegios e institutos malagueños adecuando el programa. Sea como fuere, la Cuaresma malagueña tiene una cita musical de altura en el Teatro del Soho Caixabank.