Una imagen del concierto de ayer. Marco Antonio de la Ossa Martínez

Avisó la Orquesta Filarmónica de Málaga al catalogar de forma previa el concierto del viernes 31 de enero de 2025 en el Auditorio Edgar Neville de la capital de la Costa del Sol como extraordinario, ya que lo fue en muy distintos sentidos. Para esta cita, la agrupación contó en la dirección con el debutante Alejandro Muñoz y como solista y presentador con el constructor, investigador e intérprete Abraham Cupeiro. 

En la puesta en escena de su propuesta Pangea, el gallego parte de una idea tan sugerente como ambiciosa: rendir homenaje a la diversidad cultural del planeta a través de la combinación de instrumentos de civilizaciones milenarias con una formación sinfónica. Así, protagonizaron un recorrido que caminó entre música y palabra de más de noventa minutos de duración que abarcó una gran cantidad de estímulos, latitudes, culturas, timbres y épocas. 

Cupeiro destaca por su labor de recuperación, reconstrucción e interpretación de instrumentos olvidados. De forma reciente, ha adquirido una notable proyección mediática gracias a su participación en la banda sonora de Gladiator II, película de Ridley Scott que cuenta con la partitura de Harry Gregson-Williams en el apartado de música original. Incluso, tras interesarse por el trabajo del lucense y este no poder viajar a Hollywood debido a diversos compromisos profesionales, el compositor se desplazó a Galicia para trabajar con él en persona para incorporar a la banda sonora instrumentos como el cárnix celta, el cornu romano o el aulós griego, entre muchos otros.

Por su parte, Alejandro Muñoz es un director versátil con una destacada trayectoria en la dirección de orquestas y coros. Conductor titular de la Camerata Gala y del Coro de Ópera de Córdoba, se ha puesto al frente de formaciones como la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, la Orquesta de Córdoba y la Orquesta Filarmonía de Granada, entre muchas otras. Su actividad artística abarca desde la música sinfónica hasta la ópera y la música de cámara. 

Como apuntamos, el concepto que Cupeiro plantea en Pangea remite, en primer lugar, a aquel supercontinente único que existió hace doscientos millones de años antes de fragmentarse en los territorios que hoy conocemos. Partiendo de esta idea, en el concierto, en el que se interpreta música original de María Ruiz y del propio ejecutante, se disfruta de un gran número de instrumentos de viento no habituales.  

Entre ellos, cabe citar las caracolas iniciales referentes de Oceanía, la flauta de bambú, el xiao o el hulusi de China, una pluma de Norteamérica, una flauta africana de tres agujeros, un cuerno del desierto del Sáhara, el duduk armenio, la gaida búlgara o el cárnix celta. Cupeiro, además de manejar con una sorprendente facilidad todos estos instrumentos, destacó en capacidad de comunicación y transmisión. También se mostró muy divertido y cercano en distintos instantes. Entre ellos, quizá destacó el momento en el que tomó prestada la batuta del director y motivó al público a seguirle y participar de forma activa. 

Por su parte y desde los primeros instantes, la Orquesta Filarmónica de Málaga evidenció una notable capacidad para adecuarse y extraer todos los matices y reflejos posibles a una propuesta sonora tan singular como desafiante. Alejandro Muñoz marcó una línea equilibrada que complementó y arropó a Cupeiro en los instantes de acompañamiento y brilló con personalidad en el resto de secciones. En global, dibujaron con éxito una atmósfera amena, cercana, diversa y de tintes cinematográficos.  

En definitiva, en citas como esta se evidencia el hecho de que la Orquesta Filarmónica de Málaga continúa tratando de expandir y ampliar su repertorio. También muestra un notorio esfuerzo por aproximarse a todos los públicos, niños incluidos. No obstante, en los días previos y en horario de mañana, solista, formación y conductor efectuaron una propuesta adecuada a escolares en el mismo espacio. Así, ofrecieron seis conciertos didácticos a los que asistieron cerca de 2.500 niños de colegios malagueños. 

Sin que reste ni un ápice a la calificación final, quizá se podría haber aprovechado en mayor medida la pantalla con la imagen fija proyectada que acompañó al recital en forma de una propuesta visual que apoyara visualmente el recorrido sonoro y ofreciera un mayor número de estímulos o detalles de los instrumentos (tal vez sí se empleó en los pases escolares). Sea como fuere, orquesta, director y un muy subrayado intérprete/compositor/constructor/investigador lograron construir un puente entre el pasado y el presente, entre la memoria y la contemporaneidad y entre la mujer, el hombre y su historia.