Una imagen de la exposición 'A tiempo para la espera'. La Térmica

La Térmica, el centro de cultura contemporánea de la Diputación de Málaga, presenta la cuarta muestra de su ambicioso e intenso último trimestre expositivo de 2025. Junto a las propuestas de Omar Janaan, Diana Fonseca y Carla Hayes, toma el edificio la obra del artista malagueño Timsam Harding. A tiempo para la espera es una instalación compuesta por diversas esculturas sonoras y una pieza fotográfica concebidas de forma unitaria y realizadas ex profeso para este proyecto, que transforma la galería de la primera planta en un lugar para la contemplación y la pausa. En este espacio de tránsito, inédito hasta la fecha para una exposición artística, Harding instala “islas de escucha” en las que las ondas imperceptibles del sonido se convierten en algo físico que genera movimiento, que se pueden sentir e, incluso, tocar. La muestra podrá visitarse hasta el 1 de marzo de 2026.

Timsam Harding (Málaga, 1992) investiga los paisajes en movimiento a través de la relación entre velocidad, tiempo y materia. La autovía se convierte en su principal espacio de observación, un territorio donde el tránsito constante transforma tanto el paisaje como la percepción sensorial y mental del individuo.

Su práctica explora las arquitecturas y materiales de este entorno, capturando vibraciones y amplificando sonidos que normalmente permanecen invisibles. A través de esculturas e instalaciones sonoras, convierte el ruido urbano en un lenguaje físico, táctil y resonante. No se trata solo de escuchar, sino de sentir cómo el tráfico y sus fuerzas se inscriben en los cuerpos y en el espacio.

El ruido, tradicionalmente entendido como algo molesto o invasivo, aparece en su obra como un campo ambiguo. Puede ser perturbador, pero también generar calma, concentración o compañía, como ocurre con el “ruido blanco”. En contraste, el silencio se presenta como un espacio lleno de resonancias: un vacío que amplifica cada eco y cada pensamiento, convirtiéndose en una herramienta para percibir lo mínimo y lo imperceptible.

Más allá de lo material, su investigación aborda también la psicología del conductor. Conducir no es solo desplazarse: es entrar en un estado mental suspendido, donde el coche funciona como cápsula de aislamiento y el viaje como pausa en el tiempo. El ruido constante del motor y del asfalto puede devenir silencio mental, mientras el paisaje repetitivo se transforma en un telón hipnótico que diluye la noción de presente.

En este cruce entre lo sonoro, lo visual y lo material, Timsam trabaja con registros que no son representaciones, sino huellas de acciones y fuerzas, vibraciones que hacen resonar esculturas, fricciones que desgarran papeles, grabaciones que convierten el tráfico en vibración palpable. Su obra se despliega así entre pintura, escultura, instalación y performance, con un mismo propósito, el de visibilizar lo oculto en la experiencia cotidiana de la carretera y revelar cómo el movimiento, el ruido y el silencio modelan nuestra percepción del mundo.