Rueda de prensa de 'Camera Café'. Eloy Muñoz

El Festival de Málaga cierra su 25 edición con un dulce sabor de boca que se echaba de menos en el mundo audiovisual. Marcado por la vuelta a la post normalidad y a las alfombras rojas que el coronavirus nos quitó, la alegría de celebrar el cine volvió a la capital de la Costa del Sol un año más.

Esta edición ha tenido grandes protagonistas y momentos muy especiales como su renovada inauguración en el Martín Carpena o sus actuaciones de gran formato. Sin embargo, y al hilo de este buen humor y clímax que ha causado la salida del pozo que es el coronavirus, hablaremos de uno de los géneros y buques insignia del cine español que siempre ha hecho que el público reviente las taquillas, la comedia.

A pesar de ser el genero que más vende en nuestro país, el Festival de Málaga no se suele centrar tanto en este tipo de cine «mainstream’», lo que no quiere decir que de vez en cuando no haga apuestas a esta carta. Los estrenos de Canallas y Camera Café en el certamen han supuesto un soplo de aire renovado a las salas del Albéniz y el Cervantes. Ambas proyecciones cosecharon un lleno total y un público entregadísimo a las risas e interacción con la pantalla.

Canallas, dirigida por Daniel Guzmán, es la típica cinta española humorística que gusta a todo el mundo. Un humor sencillo que saca la carcajada fácil con chistes como «¿conoces al abogado?’» o «me voy a hacer un Vladimir». Choca ver a un Luis Tosar fuera de su ya reconocida faceta de tipo duro o persona atormentada; aun así, el papel de amigo de barrio fracasado que piensa dar un golpe y retirarse le viene como anillo al dedo. Canallas es una historia atípica dentro de lo común donde la tensión y la risa fácil atosigan al espectador continuamente.

El regreso a la gran pantalla de Camera Café, dirigido por el carismático Ernesto Sevilla, fue uno de los grandes atractivos y centros de atención de esta edición del festival. La proyección, que contó con la presencia de todos los protagonistas en el Teatro Cervantes, fue un autentico espectáculo, casi una performance en la que el público reía, cantaba y tocaba las palmas. Camera Café fue un fan service en toda regla, pero no necesariamente con una connotación negativa. Por fin se pudo ver la oficina al completo, más allá de ese pasillo donde se tomaba café que tanta intriga ha generado siempre en el espectador de esta serie. El plantel original fue rescatado al completo para formar parte del filme, hecho que provocó un golpe de nostalgia difícilmente superable. La película es divertida (con algún bajón puntual) y está dirigida de manera impecable por un Ernesto Sevilla que tira de planos muy originales y renovados para una serie que en su inicio era tan estática. Mención especial merece Arturo Valls como protagonista y conductor de la proyección, que dio un nivel mucho más alto de lo que se esperaba; e Ibai, que hizo un divertido cameo como hijo de Jesús Quesada, papel interpretado por Valls.

El cine es un espectáculo donde la gente va a divertirse y a olvidarse un rato de sus problemas, muchos de los cuales no han hecho más que crecer en estos dos últimos años. Sin duda, proyecciones como Canallas o Camera Café, a pesar de su previsibilidad y cliché, consiguen esto y mucho más, que al final es lo importante. El humor es necesario, y el Festival de Málaga demuestra una vez más sus amplias miras y pluralidad, haciendo que la fiesta del cine sea para todos.