Del 5 al 13 de noviembre se celebró en Málaga la trigésima edición del Festival Internacional de Jazz. El objetivo marcado para este 2016 era recuperar una importancia, cierto fulgor, que en los últimos años había ido decreciendo debido en gran parte a la dichosa crisis económica. Para ello se ha apostado por nombres de importante nivel en los siete conciertos ofrecidos en el Teatro Cervantes, que han congregado, según datos de la organización, a 5.044 personas. La cifra supera en un 4,4% a la de 2015, donde se contabilizaron doce actuaciones de sala. En total se han ocupado un 77,4% de las localidades puestas a la venta.

Por otro lado, se han organizado hasta 51 conciertos gratuitos repartidos principalmente por el centro de la ciudad. Bajo la etiqueta Málagajazz, la Asociación de Hosteleros de Málaga (Mahos) y la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos), junto al Cervantes, buscan potenciar la temporada otoñal con una oferta cultural que aspira a instaurar un festival de innegables tintes veraniegos.

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Read Swing Quartet. Foto de Lorena Rodríguez

Ana Cisneros, Eva Jiménez, Enrique Oliver, Elphomega, Rafa Insauti, 23 Collective, Deep Throat, Ariana Abecasis o Antti Sarpila son algunos de los nombres que han actuado en diferentes locales, restaurantes, hoteles y espacios públicos de la ciudad. Entre ellos encontramos la Plaza de las Flores, las salas Velvet Club y Premier, el Café Central o El Balneario de Los Baños del Carmen. La variedad de localizaciones y propuestas, el agradable clima y la flexibilidad de horarios, que han abarcado desde el desayuno hasta la medianoche, han contribuido a la notable respuesta del público.

Comenzamos nuestras reseñas con Lee Konitz, que con 89 años recién cumplidos recibió el día 8 un nuevo galardón creado por el certamen malagueño en memoria de Juan Claudio Cifuentes Cifu (Jazz entre amigosJazz porque sí). Un premio que nace con la pretensión de agasajar cada año a músicos que hayan contribuido al desarrollo del género. Hay que recordar que la biografía de Konitz, cuyo maestro fue el pianista Lennie Tristano, incluye las grabaciones del álbum Birth of the cool (1954) junto a Miles Davis. La viuda de Cifuentes, Isabel Zaro, entregó el trofeo a Konitz en una ceremonia presentada por Suzette Moncrief.

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Lee Konitz. Foto de Javier Albiñana (@JALBINANA)

Minutos después, y tras preguntar por su chaqueta a la que había perdido de vista, Konitz se situó frente al público mientras agarraba un saxofón que le había prestado minutos antes Ernesto Aurignac: el suyo no se encontraba disponible tras su paso por Valencia el día anterior. El peso del concierto lo llevó un admirable Marco Mezquida al piano. Fue él quien proponía las canciones a interpretar. Temas que comenzaban en sus dedos y se expandían hasta la batería de Ramón Prats, la robusta claridad del contrabajo de Bori Albero o la voz de Suzette Moncrief, que intervino en I fall in love too easily y Summertime. Konitz, sentado, sopló y tarareó plácidamente. Sobre las tablas se asemejó al Brian Wilson de los últimos tiempos: desorientado, un tanto impredecible y espléndido en sus labores.

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The Bad Plus. Foto de Daniel Pérez (@danielperezfoto)

El viernes 11 era el turno de The Bad Plus, que llegaban con nuevo disco bajo el brazo, It´s hard, en el que interpretan a su manera temas de Barry Manilow, Crowded House o Cyndi Lauper. En la música del trío estadounidense, compuesto por Reid Anderson (contrabajo), Ethan Iverson (piano) y David King (batería), se advierten trazos de jazz tradicional, post-rock y pop, ya sea en sus variopintas versiones o en canciones propias como Big eater o Country seat. Es inevitable, tras disfrutarlos poco más de una hora, no realzar la figura de King tras los platos, todo un portento a la hora de inyectar matices, potencia y precisión a las distintas composiciones del grupo. Los mayores aplausos de la noche fueron para él. Algo similar ocurrió en el directo protagonizado por el contrabajista Stanley Clarke, indiscutible referente a la hora de hablar del jazz eléctrico facturado en los setenta. Rodeado de una banda muy joven —Beka Gochiashvil, al piano, cuenta con tan solo veinte años—, Clarke se mostró generoso con sus músicos en un concierto que basculó entre una primera parte más armónica, con Gochiashvil delineando las situaciones más agradecidas, y un segundo tramo del que se adueñó Michael Mitchel gracias a las múltiples y tonificantes acrobacias tras su batería de doble bombo. Clarke, que recordó con sus palabras a Miles, Coltrane y Mingus, reclamó antes del final su discutido papel protagonista, encadenando notas incansablemente. La ovación no se hizo esperar.

El lunes 7, los integrantes de la almeriense Clasijazz Big Band se atrevieron con el Epitaph de Charles Mingus. Para ello aumentaron la formación hasta los treinta y dos músicos respecto a los veintitrés habituales, incluyendo entre su plantilla a Enrique Oliver, Pedro Cortejosa, Tete Leal o Ernesto Aurignac. Pocos días después, el concierto Fancinemajazz —organizado conjuntamente con el festival de cine fantástico Fancine— reunió sobre el escenario a la Orquesta Sinfónica Provincial de la ciudad y al quinteto de José Carra. Juntos desgranaron el disco Night and day (1993), en donde John Williams y la Boston Pops Orchestra repasaban composiciones de Frank Sinatra. Por último, y aunque no pudiésemos asistir, conviene apuntar que la programación del Cervantes se completó con las actuaciones de Al Di Meola y el cuarteto del pianista Gonzalo Rubalcaba.

Foto de Stanley Clarke: Daniel Pérez (@danielperezfoto)

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