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Otra pincelada más

Eduardo Jordá contribuye a desentrañar la inabarcable figura de Bob Dylan en su libro ‘Número cero’

Según una bibliografía especializada que cita Eduardo Jordá (Palma de Mallorca, 1956) en las primeras páginas de su Número cero, a día de hoy se han escrito y publicado 1910 libros dedicados a Bob Dylan. De ellos, 943 están en inglés y 967 en otras lenguas. Incluidos en el recuento encontramos veintitrés biografías. Se trata, ya ven, de una colosal cantidad de información que nos permite conocer, como bien apunta Jordá, «casi todo sobre la vida de Dylan, semana a semana, o incluso día a día». De ahí que el punto de partida que establece a la hora de meterle mano a Número cero. Bob Dylan: retrato de un hombre invisible (Libros del Asteroide, 2026) no sea el de sumar nuevas páginas que pasen a engrosar el ya casi inabarcable volumen de las correrías más o menos oficiales del músico, compositor, cantante y poeta estadounidense, sino el de tratar de dar otra pincelada más al lienzo, también vasto y a punto de rebosar, que nos permita por fin vislumbrar qué carajo esconde la figura de Dylan. Pero la batalla, y suponemos que también la guerra, están más que perdidas ya que «nada de lo que se ha escrito sobre Dylan nos sirve de mucho». Es más, «quien quiera saber exactamente lo que ha querido decir a lo largo de su larguísima carrera acabará sepultado en el fondo del mar». Así es.

Y tal vez por ello, por esa nula pretensión enciclopédica y su aire de libre inventario, los textos de Jordá aquí reunidos se lean con agrado y cierta viveza. Algo tendrá que ver, claro, que el librito apenas alcance las cien páginas. Eso sí, los dylanitas, esa tribu que rinde lógica pleitesía a discos como Highway 61 revisited, Blonde on blonde o Time out of mind pero que tampoco le hace ascos a conocer que cenó Bob el 19 de marzo de 1982, encontrarán aquí poca chicha fresca a la que hincar el diente, aunque estoy convencido de que disfrutarán una vez más revisitando escenas y cuestiones de innegable calado en la vida y obra de Dylan como, entre otras, su relación tanto con Sara Lownds como con Suze Rotolo, los fundamentos de su proceso creativo, el retiro a Woodstock tras un accidente de moto o el ensalzamiento, con toda justicia, de canciones como Not dark yet y Murder most faul.

El libro de Jordá me hace recordar la película I’m not there, con Todd Haynes abocetando su retrato de Dylan a través de seis intérpretes que encarnaban diferentes momentos de su vida personal y profesional, y, sobre todo, la célebre novela Uno, ninguno y cien mil, en donde Luigi Pirandello viene a decir que creemos conocernos a nosotros mismos, pero que eso de ningún modo es así ya que cada uno de nosotros es uno para sí mismo, cien mil para los demás y ninguno en realidad. Y si esto es así para mindundis como usted y yo, jueguen a imaginar ahora cuál sería el resultado de reformular la expresión pirandelliana para ajustarla a Dylan.

Foto: Bob Dylan, durante una sesión de grabación en Nueva York en 1965 (Getty Images).