Aleix Turon, durante el concierto de anoche. Málaga de Cultura

Continúan amontonándose las virtudes de Cala Vento, el dúo formado por Aleix Turon (voz, guitarra y bajo) y Joan Delgado (batería) que, tras enlazar sus caminos en 2014, encontraron acomodo en el barrio de Gràcia barcelonés bajo el ala protectora de Eric Fuentes y la discográfica BCore, casa en donde editaron sus dos primeros trabajos. La primavera pasada, con la publicación de Balanceo, estrenaron sello propio, Montgrí, nombre que recibe un pequeño macizo en la frontera entre el Alt y el Baix Empordà y que, según cuentan, «aunque muchos piensen que es una separación, nosotros lo vemos como una unión». Ya ven: siempre positivo, nunca negativo.

Hay motivos por los que celebrar la aparición de su tercer álbum, artefacto que consigue aunar la vertiente netamente pop de su propuesta junto a ese otro perfil, más ajetreado, tendente a una sana contundencia. Con Weezer, Snail Mail o los Prefab Sprout de los hermanos McAloon como reconocidos espejos ante los que acicalarse, la traslación del estudio al directo funciona y se crece sin ambages, pese a que el carácter exploratorio de la formación tal vez requiera en los próximos años la incorporación sobre el escenario de algún componente adicional a la ecuación; las opciones de expansión de un proyecto así son, claro, más restringidas.

A piezas recurrentes de su repertorio como Estoy enamorado de ti, Isabella Cantó, Historias de bufanda Isla desierta —coreadas por la parroquia con inquebrantable vigor— se unen ahora Un buen año, La comunidad, Todo, Fin de ciclo o La importancia de jugar al baloncesto, miniatura a corazón abierto escrita e interpretada por Joan. El poderío del temario se acentúa por gentileza de unas letras inmediatas y hasta lúdicas —no encontrarán aquí ninguna crítica a la razón pura, pero es que nadie la reclamará— que se posicionan frente a la perversa industria musical, echan un ojo a los esperpénticos tejemanejes políticos o indagan en numerosas cuestiones vinculadas a las relaciones afectivas. La cuenta de anoche en un abarrotado Theatro Club ascendió a más de una veintena de canciones, generoso cómputo que ejemplifica la rutilante cosecha sembrada hasta el momento por estos hijos de l’Empordà y la Costa Brava. Y lo que queda.