El Amir, en una imagen promocional. Zoo Music Management

Las inquietudes del guitarrista Amir John Haddad (Friburgo, 1975) trascienden el mundo del flamenco. A lo largo de su extensa carrera, el músico ha ido incorporando multitud de instrumentos de aquí y de allá (buzuki griego, saz turco, laúd, banjo, bajo) a una propuesta en donde convergen tradición y novedad. La formidable lista de artistas con los que ha colaborado, entre los que encontramos a Stanley Clarke, Marcus Miller, Chambao, Kroke, Carmen París, Joaquín Sabina, Pasión Vega, María Dolores Pradera, Raimundo Amador o José Mercé, viene a reforzar una trayectoria que transita por multitud de géneros y países.

Ahora, tras Pasando por Tabernas (2006) y 9 guitarras (2013), publica su nuevo disco, Andalucía, en donde dedica una canción a cada provincia andaluza. Lo edita hoy, 28 de febrero, fecha escogida intencionadamente para completar un sentido homenaje a la tierra que lo acogió en 1997. Además, desde hace un par de años participa en la gira The world of Hans Zimmer por petición del reconocido compositor alemán, con el que ha grabado recientemente parte de la banda sonora de la nueva entrega de James Bond, Sin tiempo para morir.

Naciste en Alemania, pero llevas muchos años viviendo en España.

Sí, nací en Alemania. Mi madre es colombiana, mi padre es palestino y mi abuelo es de Hamburgo, así que tengo sangre de tres culturas distintas. En 1997 me mudé a Jerez de la Frontera, y desde los ocho años iba con mi familia a veranear mucho a Almería; desde pequeño he estado en contacto con Andalucía, ha sido parte mi niñez. A mi padre le encantaba la música árabe y el flamenco. Para mí ha sido algo natural escuchar esa música desde pequeño: conocí antes a Pepe Habichuela, Paco de Lucía o Antonio Mairena que a cualquier grupo inglés o de moda de la época.

También eras muy joven cuando empezaste a tocar la guitarra.

Sí, mi padre tocaba el laúd árabe y un poco la guitarra, y yo copiaba todo lo que él tocaba. Cuando vio que yo tenía interés a mis siete u ocho años, empecé a tomar clases. Pero el tonteo con la guitarra comenzó a los cuatro o cinco años.

Ahora estás afincado en Málaga.

Sí, vivo en Málaga desde hace casi un año porque quería, después de tanto tiempo viviendo en Madrid y viajando por todo el mundo, volver a Andalucía, que es un sitio que siempre me ha aportado algo muy especial. Conocía la ciudad ya que tengo muy buena relación con La Mari y con todos los músicos de Chambao, con los que estuve trabajando. También elegí vivir aquí porque buscaba un lugar donde hubiera una estructura social, amigos, compañeros. Además, Málaga es ahora mismo una de las cinco ciudades del país más importantes culturalmente hablando, y a mí siempre me gusta estar en un sitio que vibre a nivel cultural. También es importante el aeropuerto internacional que tiene, ya que así tengo más facilidad para viajar a todos lados. Y está la luz, la comida, la gente. Andalucía es muy importante para mí.

Formaste parte del grupo Radio Tarifa durante diez años.

Sí, ahí tocaba el laúd, el buzuki, el banjo y la guitarra eléctrica. La verdad es que pasé por muchas fases porque la banda pasó por muchos tipos de sonido. Me uní en 1998. Después de tocar con el maestro de baile Joaquín Ruiz en el Teatro Albéniz de Madrid, que ya no existe, vinieron al camerino algunos músicos de Radio Tarifa y me preguntaron si quería unirme al grupo. En vez de estudiar en la academia, estuve diez años girando de manera muy potente por muchos sitios.

Sólo hay que repasar algunas de tus numerosas colaboraciones para darse cuenta de que no te adscribes únicamente a la guitarra flamenca.

Empecé de pequeño con la guitarra flamenca y el laúd, pero luego me centré mucho más en la guitarra. Me considero guitarrista flamenco en el sentido de lo que es un concertista que sabe acompañar al baile y al cante, que compone su música y hace conciertos en solitario. Pero mi interés en la música es muy grande y va más allá del flamenco. Escuchar otro tipo de música me nutre y amplia mis horizontes y mis conocimientos musicales. Eso luego lo puedo aplicar en mis composiciones, pero conociendo la tradición flamenca, sin desvirtuarla. Es decir, quiero que algo suene a minera, a tango o a cualquier otro palo del flamenco, pero con alguna armonía o toque diferente.

El flamenco, al igual que para Sabicas, Morente o Rosalía, no es algo inamovible para ti.

No. Creo que los grandes compositores del mundo del flamenco han demostrado ser grandes, precisamente, porque han roto moldes y han sido transgresores con las reglas establecidas, siendo por ello muchas veces criticados. Por eso han sido tan innovadores: porque se han arriesgado a ser ellos mismos y a interpretar a su manera el flamenco que han mamado desde pequeños. Los grandes nunca se han cerrado a las posibilidades de explorar el flamenco; no se trata de hacer algo mejor, sino de hacer algo tuyo y, dentro de eso, encontrar tu voz. Creo que han sido muy sanos para el flamenco todos los fenómenos que, partiendo de la tradición, han hecho otras cosas. Luego puede que lo consumas o no, pero está ahí. Creo que eso es lo más importante, porque el arte nace del respeto, y cuando algo está hecho con cariño se nota. Hasta el aficionado más puro se va a dar cuenta de que una minera tocada de una manera o unos tangos tocados de otra pueden tener una raíz tradicional y, al mismo tiempo, una voz nueva, propia. Actualmente, el nivel de la guitarra flamenca es muy alto; se ha nutrido de tanto estilos diferentes (jazz, música brasileña, clásica) que es un compendio de muchas cosas. Esa es mi línea. Soy defensor de lo puro y tradicional porque es muy importante preservar la base cultural, pero no me alineo sólo con eso, sino que me abro al mundo.

Tu nuevo disco es un homenaje a Andalucía, pero en él también te acuerdas de algunos de tus maestros: Pepe Justicia, Juan Habichuela y Paco de Lucía.

Sí, es mi forma de homenajear a algunos de los maestros que me han impactado a lo largo de mi carrera. En el corte tres aparece mi primer homenaje, que es una seguiriya dedicada a Huelva. No es que necesariamente la seguiriya sea de Huelva, pero esa solera que buscaba en la seguiriya me evocó el aire de la ciudad. Está dedicada a mi maestro de guitarra jienense Pepe Justicia, que ahora mismo vive en Málaga. Fue un personaje clave en mi aprendizaje y entendimiento del flamenco cuando llegué a Jerez porque me abrió las puertas a los reductos más privados y escondidos. Además, me enseñó a tocar con mucha sabiduría y con un concepto sonoro y de composición muy importante. No se trata de hacer muchas falsetas una tras otra, sino de hacer una composición musical que tenga sentido. Luego hay una granaína que se la dedico a Juan Habichuela. Mi padre de pequeño me ponía a los Habichuela, sobre todo a Juan, que tiene una forma de tocar más parada, muy dulce y melódica. Y finalmente hay unos tangos dedicados a Paco de Lucía, Memorias de Jaén, que tienen un deje más moruno. Hay un pequeño homenaje musical en uno de los fragmentos, que los aficionados reconocerán, y unos coros sin letra que recuerdan al concepto sonoro que podría haber utilizado Paco.

¿A qué otros guitarristas admiras?

A todas las figuras principales que ha habido desde los inicios en el flamenco: Ramón Montoya, Sabicas, Niño Ricardo, Andrés Batista, Quique Paredes, Enrique de Melchor, Vicente Amigo, Tomatito, Manolo Sanlúcar. Hay muchos guitarristas que han marcado un camino muy importante para la guitarra y de los cuales hemos mamado todos.

A Málaga, dentro del disco, le dedicas una rumba titulada El terral de Málaga.

Claro, una cosa son los espetos y otra cosa es el terral: si no te gustan los espetos no los comes, pero del terral no te puedes escapar (risas). Para mí es una cosa muy característica de la ciudad. Me gusta la naturaleza, vivo en el campo, así que me llamó la atención ese viento cálido de verano que pasa por muchos sitios antes de llegar aquí.

El disco se cierra con una nana, Andalusian Lullaby

La idea era abrir el disco con un tema muy ligero, como es el caso de la rumba Andalucía. La melodía es repetitiva, la estructura muy clara y los estribillos cuentan con la voz de Chelo Soto, una gran cantaora de aquí de Málaga. El segundo tema es ya la seguiriya. He ido intercalando temas alegres o animados con otros más tranquilos. Al final quise meter la nana, que es muy dulce, como diciendo «se acaba el disco y nos vamos a dormir». Actualmente hay que tener mucho coraje para escuchar un disco entero de sopetón, así que la nana es como un regalo: lo has logrado y ahora te voy a dar una canción que va más allá del flamenco.

Además de la voz de Chelo Soto, en el disco encontramos varias colaboraciones.

Sí, en la canción Andalucía aparece también Manuel de Lucena, con el que he colaborado muchas veces. Es uno de los grandes baterías de España, ahora creo que está con Guadalquivir, que han vuelto a reunirse. Luego está la percusión de Israel Katumba, de Cádiz, conocido por sus trabajos con El Barrio o Miguel Poveda. Buscaba a alguien que tuviera sonoridad flamenca, pero también esa apertura tal y como yo la entiendo, y sé que Israel la tiene. También está Miguel Lamas, que es un joven súper batería al que conocí hace algún tiempo cuando toqué con Pepe Bao, de O’Funk’illo. Un gran descubrimiento para mí, de entre todas las colaboraciones del disco, fue el de Juan García-Herreros, ‘Snow Owl’. Él es colombiano pero criado en Nueva York. Ha estudiado en Berkeley y tiene un conocimiento de jazz, funk y música latina increíble. Coincidimos en el proyecto de Hans Zimmer y le dije que grabara algo en un par de temas de mi nuevo disco.

Precisamente te quería preguntar por la gira de Hans Zimmer. Llevas desde 2018 en el proyecto. ¿Cómo te ofrecieron formar parte de él?

Un día le llegó un email a Elisabeth Vázquez [de Zoo Music Management] procedente de una productora artística que obraba directamente en nombre de Hans. Decían que estaban buscando un guitarrista flamenco virtuoso pero que también tenía que saber tocar la guitarra eléctrica y diferentes estilos de música. Nos preguntaban si estaríamos interesados en formar parte del proyecto. Yo ya era fan de Zimmer, le seguía desde hacía años, así que era un sueño participar en algo con él. Lo interesante fue que me encontraron directamente en internet, no fue a través de contactos en común. Vieron que lo que yo hacía les encajaba y me mandaron unos audios para que grabara encima unas muestras de guitarra. Se los enviamos y a las tres semanas contestaron diciendo que Hans estaba de acuerdo, que le encantaba, y que era ya parte del proyecto. Desde 2018 venimos interpretando la música de todas las obras maestras que ha hecho, como Piratas del Caribe, Misión imposible Gladiator, en los pabellones más grandes de Europa. Es muy gratificante, porque tocar para tanta gente a la vez es otro tipo de energía. Somos unas noventa personas sobre el escenario: doce solistas, la banda y setenta músicos en la orquesta y el coro. Viajando somos ciento cuarenta personas, incluyendo al equipo técnico. 

También has participado en las bandas sonoras de dos películas que se estrenan aquí en unas semanas.

En un viaje que hice a Los Ángeles hace unos meses visité a Hans en su estudio. Allí me dijo que estaba preparando la música para una película que iba a salir el año que viene, y me ofreció grabar unas guitarras para la banda sonora. La película se llama El ritmo de la venganza, está protagonizada por Jude Law y llega a España el 6 de marzo. Por otro lado, Hans me llamó hace poco para ir a un estudio que tiene en Londres a grabar algo para la nueva película de James Bond, Sin tiempo para morir, que se estrena aquí la primera semana de abril. Fue toda una sorpresa. Soy muy fan de James Bond, ¿quién no? Así que grabé algunas guitarras para todo tipo de secuencias. No estoy seguro, pero creo que soy el primer guitarrista flamenco de España que graba en una banda sonora de Bond. Habría que investigar.

El año pasado presentaste tu propio modelo de guitarra, realizado por José Salinas.

José Salinas es mi amigo desde hace más de 20 años. Nos conocimos en Madrid. Es un gran cantaor flamenco y hemos hecho muchas giras y conciertos juntos. En un viaje a Mineápolis surgió su inquietud por fabricar guitarras. Al poco tiempo montó un taller en su casa y comenzó a intercambiar ideas con el constructor Arcadio Marín. La primera guitarra que hizo consiguió vendérsela a un prestigioso músico de la India. Tras un año o año y medio le propuse sacar un modelo mío, El Amir, pensando en un determinado tipo de medidas, maderas, alturas de cuerda, tensión. Después de un año investigando sacamos en 2019 el primer modelo, que va creciendo poco a poco. Toda mi vida he tocado las guitarras del maestro José López Bellido, que es uno de los legendarios constructores de Granada, pero ahora también estoy incorporando a mis conciertos las de Salinas. Para mí es un placer poder colaborar con un guitarrero joven tan bueno. Trabaja de una manera muy precisa y sólo se rodea de los mejores materiales.

Volviendo al disco, la primera fecha de presentación es en el Teatro Lara de Madrid el 30 de marzo. 

Sí, al concierto del Teatro Lara iré con los músicos que han participado en la grabación del disco a excepción del bajista, que está en Viena. Las cantaoras serán Eva Durán, que es de Estepona y ha estado junto a Manolo Sanlúcar o Vicente Amigo, y Chelo Soto, que actualmente es la cantaora de Joaquín Cortés. Miguel Lamas estará a la batería, Israel Katumba a la percusión y Héctor Tellini al bajo. También estará Karen Lugo, que es una de las bailaoras que más me impresionan por su creatividad y apertura a la hora de expresarse. Estamos buscando más fechas para presentar el disco, pero estos próximos meses ya los tenía muy complicados entre la gira de Hans Zimmer, los dos cursos de guitarra que doy al año y otros compromisos.